"Estos dos grandes descubrimientos: la concepción materialista de la historia y la revelación del secreto de la producción capitalista, mediante la plusvalía, se los debemos a Marx. Gracias a ellos, el socialismo se convierte en una ciencia, que sólo nos queda por desarrollar en todos sus detalles y concatenaciones." Federico Engels, Del Socialismo Utópico al Socialismo Científico.

19.12.10

Cambio de Modelo, no de Sistema

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Raúl Castro: “Las medidas que estamos aplicando están dirigidas a preservar el socialismo”

Publicado el 18 Diciembre 2010 en Especiales, Raúl Castro Ruz

Discurso del General de Ejército Raúl Castro Ruz, presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, en la Asamblea Nacional, el 18 de diciembre de 2010

Compañeras y compañeros:

Llevamos varios días reunidos debatiendo asuntos trascendentales para el futuro de la nación. En esta oportunidad, además del habitual trabajo en comisiones, los diputados han sesionado en plenaria, con el propósito de analizar los detalles de la situación económica actual, así como las propuestas del presupuesto y el plan de la economía para el año 2011.

También los diputados han dedicado largas horas a valorar a profundidad y esclarecer dudas e inquietudes acerca del Proyecto de Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución.

Nuestros medios de difusión han publicado con amplitud el desarrollo de estos debates, para facilitar la información de la población.

A pesar de la incidencia en la economía nacional de los efectos de la crisis mundial, el irregular comportamiento de las lluvias durante 19 meses, desde noviembre de 2008 hasta junio del actual año, y sin excluir errores propios, puedo afirmar que el plan del 2010 ha tenido un desempeño aceptable para los tiempos que vivimos. Se alcanzará la meta de crecimiento de 2.1 por ciento del Producto Interno Bruto, más conocido por sus siglas P.I.B; se elevaron las exportaciones de mercancías y servicios, sin concluir el año ya se alcanzó la cifra prevista de visitantes extranjeros, aunque nuevamente se incumplirán los ingresos, se consolida el equilibrio financiero interno y, por vez primera en varios años, comienza a apreciarse una dinámica favorable, todavía limitada, en la productividad del trabajo en comparación con el salario medio.

Continúan disminuyendo las retenciones de transferencias al exterior, o lo que es lo mismo, las limitaciones que nos vimos obligados a imponer a finales del año 2008 en los pagos desde los bancos cubanos a los suministradores extranjeros, las cuales serán suprimidas totalmente el próximo año y, al propio tiempo, se han logrado significativos avances en la renegociación de la deuda con nuestros principales acreedores.

Nuevamente deseo agradecer la confianza y comprensión de nuestros socios comerciales y financieros, a quienes ratifico el más firme propósito de honrar puntualmente los compromisos contraídos. El Gobierno ha impartido instrucciones precisas de no asumir nuevas deudas sin la seguridad de cumplimentar su pago en los plazos pactados.

Como fue explicado por el Vicepresidente del Gobierno y Ministro de Economía y Planificación, Marino Murillo Jorge, el plan del próximo año prevé un crecimiento del P.I.B del 3.1%, que deberá alcanzarse en medio de un escenario no menos complejo y tenso.

El año 2011 es el primero de los cinco incluidos en la proyección a mediano plazo de nuestra economía, período en el que, de manera gradual y progresiva, se irán introduciendo cambios estructurales y de conceptos en el modelo económico cubano.

Durante el próximo año proseguiremos de manera decidida en la reducción de los gastos superfluos, promoviendo el ahorro de todo tipo de recursos, el cual, como hemos dicho en varias ocasiones, constituye la fuente de ingresos más rápida y segura a nuestra disposición.

Igualmente haremos, sin descuidar en lo más mínimo, sino elevando la calidad de los programas sociales en las esferas de la salud, la educación, la cultura y el deporte, en las cuales se han identificado enormes reservas de eficiencia en el uso más racional de la infraestructura existente. También incrementaremos las exportaciones de bienes y servicios, al tiempo que continuaremos concentrando las inversiones en aquellas actividades de más rápida recuperación.

En materia del plan y el presupuesto, hemos insistido en que tiene que acabarse la historia repetida de los incumplimientos y los sobregiros. El plan y el presupuesto son sagrados,repito, desde ahora el plan y el presupuesto son sagrados y se elaboran para ser cumplidos, no para conformarnos con justificaciones de cualquier tipo y hasta con imprecisiones y mentiras, intencionadas o no, cuando no se logran las metas trazadas.

A veces algunos compañeros, sin un propósito fraudulento, aportan informaciones inexactas de sus subordinados sin haberlas comprobado y caen en la mentira inconcientemente, pero esos datos falsos nos pueden conducir a decisiones erradas con mayor o menor repercusión en la nación. Quien así actúa, también miente y sea quien sea, debe ser demovido definitiva y no temporalmente del cargo que ocupa y, después del análisis de los organismos correspondientes, también separado de las filas del Partido si milita en él.

La mentira y sus nocivos efectos han acompañado a los hombres desde que aprendimos a hablar en épocas remotas, motivando la repulsa de la sociedad. Recordemos que en los diez mandamientos bíblicos, el número ocho dispone: “No darás falso testimonio ni mentirás”. Igualmente en los tres principios éticos morales fundamentales de la civilización inca se establecía: no mentir, no robar, no ser holgazán.

Hay que luchar para desterrar definitivamente la mentira y el engaño de la conducta de los cuadros, de cualquier nivel. No por gusto el compañero Fidel en su brillante definición del concepto Revolución, entre otros criterios, señaló: “No mentir jamás ni violar principios éticos”.

Tras la publicación el pasado 9 de noviembre del Proyecto de Lineamientos de la Política Económica y Social, el tren del VI Congreso del Partido está en marcha, ya que el verdadero congreso será la discusión abierta y franca con los militantes y todo el pueblo de sus enunciados, lo que en un genuino ejercicio democrático, permitirá enriquecerlos, al tiempo que, sin excluir opiniones divergentes, logremos la conformación de un consenso nacional acerca de la necesidad y urgencia de introducir cambios estratégicos en el funcionamiento de la economía, con el propósito de hacer sustentable e irreversible el Socialismo en Cuba.

No hay que temerle a las discrepancias de criterios y esta orientación, que no es nueva, no debe interpretarse como circunscrita al debate sobre los Lineamientos; las diferencias de opiniones, expresadas preferiblemente en lugar, tiempo y forma, o sea, en el lugar adecuado, en el momento oportuno y de forma correcta, siempre serán más deseables a la falsa unanimidad basada en la simulación y el oportunismo. Es por demás un derecho del que no se debe privar a nadie.

Mientras más ideas seamos capaces de provocar en el análisis de un problema, más cerca estaremos de su solución apropiada.

La Comisión de Política Económica del Partido y los 11 grupos que la conformaron, trabajaron durante largos meses en la elaboración de los citados lineamientos, que como se ha explicado, constituirán el tema central del Congreso, partiendo de la convicción de que la situación económica es la principal tarea del Partido y del Gobierno y la asignatura básica de los cuadros a todos los niveles.

Durante los últimos años habíamos insistido en que no podíamos dejarnos llevar por improvisaciones y apresuramientos en esta esfera, teniendo en cuenta la magnitud, complejidad y las interrelaciones de las decisiones a adoptar. Es por ello que pienso que hicimos bien en aplazar el Congreso del Partido, aunque hemos debido resistir, pacientemente, los reclamos honestos y también los mal intencionados dentro y fuera de Cuba para que apuráramos la adopción de múltiples medidas. Nuestros adversarios en el exterior, como era de esperar, han impugnado cada paso que dimos, primero los descalificaban como cosméticos e insuficientes, ahora tratan de confundir a la opinión pública presagiando el seguro fracaso y concentran sus campañas en la exaltación del supuesto desencanto y escepticismo con que dicen nuestro pueblo ha acogido este proyecto.

A veces da la impresión de que sus deseos más íntimos les impiden apreciar la realidad. Haciendo evidentes sus verdaderas pretensiones, nos exigen sin tapujos desmontar el régimen económico y social que conquistamos, como si esta Revolución estuviera dispuesta a someterse a la más humillante rendición o lo que es igual, regir su destino por condicionamientos degradantes.

A lo largo de 500 años, desde Hatuey hasta Fidel, es mucha la sangre derramada por nuestro pueblo para aceptar ahora el desmantelamiento de lo logrado al precio de tanto sacrificio.

A quienes abriguen esas infundadas ilusiones, vale recordarles, otra vez, lo expresado en este Parlamento el 1ro de agosto de 2009:cito: “A mí no me eligieron Presidente para restaurar el capitalismo en Cuba ni para entregar la Revolución. Fui elegido para defender, mantener y continuar perfeccionando el socialismo, no para destruirlo”, fin de la cita.

Hoy añado que las medidas que estamos aplicando y todas las modificaciones que resulte necesario introducir en la actualización del modelo económico, están dirigidas a preservar el socialismo, fortalecerlo y hacerlo verdaderamente irrevocable, como quedó incorporado en la Constitución de la República a solicitud de la inmensa mayoría de nuestra población en el año 2002.

Es preciso poner sobre la mesa toda la información y los argumentos que fundamentan cada decisión y de paso, suprimir el exceso de secretismo a que nos habituamos durante más de 50 años de cerco enemigo. Siempre un Estado tendrá que mantener en lógico secreto algunos asuntos, eso es algo que nadie discute, pero no las cuestiones que definen el curso político y económico de la nación. Es vital explicar, fundamentar y convencer al pueblo de la justeza, necesidad y urgencia de una medida, por dura que parezca.

El Partido y la Juventud Comunista, además de la Central de Trabajadores de Cuba y sus sindicatos junto al resto de las organizaciones de masas y sociales, tienen la capacidad de movilizar el apoyo y la confianza de la población mediante el debate sin ataduras a dogmas y esquemas inviables, que constituyen una barrera psicológica colosal, que es imprescindible desmontar poco a poco y lo lograremos entre todos.

Ese es precisamente el contenido fundamental que reservamos a la Conferencia Nacional del Partido a celebrarse en el año 2011, después del Congreso, en fecha que se fijará más adelante; en ella analizaremos, entre otras cuestiones, las modificaciones a los métodos y estilos de trabajo de la organización partidista, ya que, a consecuencia de las deficiencias presentadas en el desempeño de los órganos administrativos del Gobierno, el Partido a lo largo de los años se tuvo que involucrar en el ejercicio de funciones que no le corresponden, lo cual limitó y comprometió su condición de vanguardia organizada de la nación cubana y fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, en consonancia con el artículo cinco de la Constitución de la República.

El Partido debe dirigir y controlar y no interferir en las actividades del Gobierno, a ningún nivel, que es a quien corresponde gobernar, cada uno con sus propias normas y procedimientos, según sus misiones en la sociedad.

Es necesario cambiar la mentalidad de los cuadros y de todos los compatriotas al encarar el nuevo escenario que comienza a delinearse. Se trata sencillamente de transformar conceptos erróneos e insostenibles acerca del Socialismo, muy enraizados en amplios sectores de la población durante años, como consecuencia del excesivo enfoque paternalista, idealista e igualitarista que instituyó la Revolución en aras de la justicia social.

Muchos cubanos confundimos el socialismo con las gratuidades y subsidios, la igualdad con el igualitarismo, no pocos identificamos la libreta de abastecimientos como un logro social que nunca debiera suprimirse.

Al respecto, estoy convencido de que varios de los problemas que hoy afrontamos tienen su origen en esta medida de distribución, que si bien estuvo animada en su momento por el sano empeño de asegurar al pueblo un abastecimiento estable de alimentos y otras mercancías en contraposición al acaparamiento inescrupuloso por algunos con fines de lucro, constituye una expresión manifiesta de igualitarismo, que beneficia lo mismo a los que trabajan y a aquellos que no lo hacen o que no la necesitan y genera prácticas de trueque y reventa en el mercado sumergido, etc, etc.

La solución a este complejo y sensible asunto no es sencilla, pues guarda estrecha relación con el fortalecimiento del papel del salario en la sociedad y ello sólo será posible, si a la par de reducir gratuidades y subsidios, elevamos la productividad del trabajo y la oferta de productos a la población.

En esta cuestión, como en la reducción de las plantillas abultadas, el Estado Socialista no dejará desamparado a ningún ciudadano y mediante el sistema de asistencia social, asegurará que las personas impedidas para trabajar reciban la protección mínima requerida. En el futuro existirán subsidios, pero no a los productos, sino a las cubanas y cubanos que por una u otra razón realmente los necesiten.

Como se conoce, desde el mes de septiembre se eliminó la distribución normada de cigarros, un artículo que recibía sólo una parte de la población y que es obvio, por sus nocivos efectos a la salud, no constituye un producto de primera necesidad.

El próximo año no podremos darnos el lujo de gastar casi 50 millones de dólares en importaciones de café para mantener la cuota que hasta el presente se distribuye a los consumidores, incluyendo a los niños recién nacidos. Se prevé, por ser una necesidad ineludible, como hacíamos hasta el año 2005, mezclarlo con chícharo, mucho más barato que el café, que nos cuesta casi tres mil dólares la tonelada, mientras que aquel tiene un precio de 390 dólares.

Si queremos seguir tomando café puro y sin racionamiento, la única solución es producirlo en Cuba, donde está probado que existen todas las condiciones para su cultivo, en cantidades suficientes que satisfagan la demanda y hasta exportarlo con la más alta calidad.

Estas decisiones, y otras que será necesario aplicar, aunque sabemos que no son populares, sí son obligadas para poder mantener y mejorar incluso los servicios gratuitos de salud pública, educación y la seguridad social a todos los ciudadanos.

El propio líder de la Revolución Cubana, el compañero Fidel, en su histórico discurso el 17 de noviembre de 2005, expresó: cito: Hace apenas un mes, exactamente al cabo de cinco años, Fidel a través de su mensaje en ocasión del día Internacional del Estudiante, ratificó esos conceptos que conservan total vigencia.
“Una conclusión que he sacado al cabo de muchos años: entre los muchos errores que hemos cometido todos, el más importante error era creer que alguien sabía de socialismo, o que alguien sabía de cómo se construye el socialismo”, fin de la cita.

Por mi parte, recuerdo los planteamientos de un laureado científico soviético que hace alrededor de medio siglo, consideraba que aunque teóricamente se había documentado la posibilidad del vuelo del hombre al espacio, no dejaba de ser un viaje a lo ignoto, a lo desconocido.

Si bien hemos contado con el legado teórico marxista leninista, donde científicamente está demostrada la factibilidad del socialismo y la experiencia práctica de los intentos de su construcción en otros países, la edificación de la nueva sociedad en el orden económico es, en mi modesta opinión, también un trayecto hacia lo ignoto, por lo cual cada paso debe meditarse profundamente y ser planificado antes del próximo, donde los errores se corrijan oportuna y rápidamente para no dejarle la solución al tiempo, que los acrecentará y al final nos pasará la factura aún más costosa.

Tenemos plena conciencia de los errores que hemos cometido y precisamente, los Lineamientos marcan el inicio del camino de la rectificación y la necesaria actualización de nuestro modelo económico socialista.

Nadie debe llamarse a engaño, los Lineamientos señalan el rumbo hacia el futuro socialista, ajustado a las condiciones de Cuba, no al pasado capitalista y neocolonial derrocado por la Revolución.
La planificación y no el libre mercado será el rasgo distintivo de la economía y no se permitirá, como se recoge en el tercero de los lineamientos generales, la concentración de la propiedad.
Más claro ni el agua, aunque no hay peor ciego que el que no quiere ver.

La construcción del socialismo debe realizarse en correspondencia con las peculiaridades de cada país. Es una lección histórica que hemos aprendido muy bien. No pensamos volver a copiar de nadie, bastantes problemas nos trajo hacerlo y porque además copiamos mal; aunque no ignoramos las experiencias de otros y aprendemos de ellas, incluyendo las positivas de los capitalistas.

Abundando sobre el necesario cambio de mentalidad mencionaré un ejemplo: si hemos arribado a la conclusión de que el ejercicio del trabajo por cuenta propia constituye una alternativa más de empleo para los ciudadanos en edad laboral, con el fin de elevar la oferta de bienes y servicios a la población y liberar al Estado de esas actividades para concentrarse en lo verdaderamente decisivo, lo que corresponde hacer al Partido y al Gobierno es facilitar su gestión y no generar estigmas ni prejuicios hacia ellos y para eso es fundamental modificar la apreciación negativa existente en no pocos de nosotros hacia esta forma de trabajo privado. Los clásicos del marxismo leninismo al proyectar los rasgos que debían caracterizar la construcción de la nueva sociedad, definieron, entre otros, que el Estado, en representación de todo el pueblo, mantendría la propiedad sobre los fundamentales medios de producción.

Nosotros absolutizamos ese principio y pasamos a propiedad estatal casi toda la actividad económica del país. Los pasos que hemos venido dando y daremos en la ampliación y flexibilización del trabajo por cuenta propia, son el fruto de profundas meditaciones y análisis y podemos asegurar que esta vez no habrá retroceso.

Por su parte, la Central de Trabajadores de Cuba y los respectivos sindicatos nacionales, se encuentran estudiando las formas y métodos para organizar la atención a esta fuerza laboral, promover el cumplimiento estricto de la Ley y los tributos y motivar en estos trabajadores el rechazo a las ilegalidades. Debemos defender sus intereses igual que hacemos con cualquier otro ciudadano, siempre que actúen en cumplimiento de las normas jurídicas aprobadas.

En esta dirección reviste gran importancia la introducción en los diferentes niveles de la enseñanza de los conceptos básicos del sistema tributario con el objetivo de familiarizar, de manera permanente y concreta, a las nuevas generaciones en la aplicación de los impuestos como la forma más universal de redistribución de la renta nacional, en interés del sostenimiento de los gastos sociales.

A escala de toda la sociedad, debemos fomentar los valores cívicos de respeto y cumplimiento por los contribuyentes de sus obligaciones tributarias, crear en las personas esa cultura y disciplina, bonificar a los que cumplen y sancionar la evasión de impuestos.

Otra tarea en la cual, a pesar del avance logrado, falta mucho por hacer es la atención a las distintas formas productivas en la agricultura, de modo que se eliminen las diversas trabas existentes para potenciar las fuerzas productivas en nuestros campos y que, en correspondencia con el ahorro en la importación de alimentos, los agricultores obtengan ingresos justos y razonables por su sacrificada labor, lo cual no justifica que se impongan precios abusivos a la población.

A más de dos años de iniciada la entrega de tierras ociosas en usufructo, pienso que estamos en condiciones de valorar la asignación de áreas adicionales, por encima de los límites que regula el Decreto-Ley 259, de julio de 2008, a aquellos productores agropecuarios con resultados destacados en la utilización intensiva de los suelos bajo su responsabilidad.

Considero oportuno aclarar que las tierras entregadas en usufructo constituyen propiedad de todo el pueblo, por lo que si se requirieran para otros usos en el futuro, el Estado compensaría a los usufructuarios lo invertido y les abonaría el valor de las bienhechurías.

En su momento, una vez que concluyamos los estudios, a partir de las experiencias que hemos ido acumulando, presentaremos al Consejo de Estado las correspondientes propuestas de modificación del citado Decreto-Ley.

Una de las barreras más difíciles de sortear en el empeño de formar una visión diferente, y así debemos reconocerlo públicamente, es la ausencia de una cultura económica en la población, incluidos no pocos cuadros de dirección, los cuales, evidenciando una ignorancia supina en la materia, al enfrentar problemas cotidianos adoptan o proponen decisiones sin detenerse un instante a valorar sus efectos y los gastos que se generan, ni si existen recursos asignados en el plan y el presupuesto con ese destino.

No descubro nada cuando afirmo que improvisar, en general, y en la economía en particular, conduce a un seguro fracaso, con independencia de los buenos propósitos que se pretenda alcanzar.

El pasado 2 de diciembre, en ocasión del 54 aniversario del desembarco del Granma, el órgano oficial de nuestro Partido reprodujo un fragmento del discurso que pronunciara Fidel en 1976, en igual fecha, cuando se conmemoraban apenas 20 años del suceso y que por su vigencia y actualidad he considerado oportuno citar:
“La fuerza de un pueblo y de una revolución consiste precisamente en su capacidad de comprender y enfrentar las dificultades. A pesar de todo avanzaremos en numerosos campos y lucharemos denodadamente por elevar la eficiencia de la economía, ahorrar recursos, reducir gastos no esenciales, aumentar las exportaciones y crear en cada ciudadano una conciencia económica. Antes dije que todos somos políticos, ahora añado que todos debemos ser también economistas y, repito, economistas, no economicistas, que no es lo mismo una mentalidad de ahorro y eficiencia que una mentalidad de consumo”,
fin de la cita.

Diez años después, el primero de diciembre de 1986, durante la sesión diferida del III Congreso del Partido, Fidel expresó cito: “Mucha gente no entiende que el Estado Socialista, ningún Estado, ningún sistema puede dar lo que no tiene, y mucho menos va a tener si no se produce; si se está dando dinero sin respaldo productivo. Estoy seguro de que las plantillas infladas, el exceso de dinero entregado a la gente, los inventarios ociosos, los despilfarros, tienen que ver mucho con el gran número de empresas irrentables que hay en el país…”fin de la cita

A 34 y 24 años, respectivamente, de estas orientaciones del Jefe de la Revolución, esos y muchos otros problemas siguen estando presentes.

Fidel con su genialidad iba abriendo brechas y señalaba el camino y los demás no supimos asegurar y consolidar el avance en pos de esos objetivos.

Nos faltó cohesión, organización y coordinación entre el Partido y el Gobierno; en medio de las amenazas y urgencias cotidianas descuidamos la planificación a mediano y largo plazos, no fuimos suficientemente exigentes ante violaciones y errores de carácter económico cometidos por algunos dirigentes y también demoramos en rectificar decisiones que no tuvieron el efecto esperado.

Más de una vez me he referido a que en esta Revolución casi todo está dicho y que debemos revisar qué orientaciones del Jefe de la Revolución hemos cumplido y cuáles no, desde su vibrante alegato “La Historia me Absolverá” hasta hoy. Recuperaremos las ideas de Fidel que siguen vigentes y no permitiremos que nos vuelva a pasar lo mismo.

Los errores, si simplemente son analizados con honestidad, pueden transformarse en experiencias y lecciones para superarlos y no volver a incurrir en ellos. Esa es precisamente la gran utilidad que tiene el análisis profundo de los errores y esa debe empezar a ser una norma permanente de conducta de todos los dirigentes.

La realidad de los números está por encima de todas nuestras aspiraciones y deseos. En la aritmética elemental del primer grado de la escuela primaria, se aprende a temprana edad que dos más dos da cuatro, no cinco ni seis; no hay que ser economista para comprenderlo, por tanto, si en un momento dado tenemos que hacer algo en materia económica y social por encima de los recursos disponibles, hagámoslo con conciencia de las consecuencias y sabiendo de antemano que al final la crudeza de los hechos se impondrá irremisiblemente.

Cuba dispone de decenas y decenas de miles de profesionales graduados por la Revolución en las especialidades de economía, contabilidad y finanzas, por sólo mencionar algunas de este perfil, que no hemos sabido utilizar adecuadamente en provecho del desarrollo ordenado de la nación.

Contamos con lo más preciado, el capital humano, que debemos cohesionar con el concurso de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores (ANEC) para emprender la tarea de educar en esta materia, de manera constante y sistemática, a nuestro pueblo instruido y a sus dirigentes en todos los niveles. Una numerosa representación del Comité Nacional de la ANEC participó en los primeros seminarios sobre los lineamientos que organizamos y muchos de sus miembros están inmersos en el proceso de discusiones en marcha.

En este sentido, cabe destacar la contribución decisiva de miles y miles de contadores para recuperar el lugar que corresponde a la contabilidad en la dirección de la actividad económica, que como sabemos es una condición indispensable para asegurar el éxito y el orden en todo lo que nos proponemos.

En estas circunstancias, nadie debe perder de vista la relevancia de mantener un enfoque diferenciado hacia la juventud, y en correspondencia con ello, debo resaltar la decisión de excluir de los procesos de disponibilidad laboral a los recién graduados en el plazo del cumplimiento del Servicio Social.

Ahora bien, no se trata de ubicarlos en funciones no afines a su perfil profesional, como ha sucedido en el pasado, que han llegado a ponerlos hasta de porteros del centro laboral, porque precisamente ese período está diseñado para adiestrarlos en la base de la producción y los servicios, completar en la práctica la formación teórica de las escuelas y cultivar en ellos el amor al trabajo.

No menos importante resulta la labor que corresponde a los cuadros y especialistas involucrados en la elaboración y revisión de los documentos legales, a tono con las modificaciones que se vayan instrumentando; por ejemplo, sólo para dar cobertura jurídica a dos lineamientos (los números 158 y 159), referidos al ejercicio del trabajo por cuenta propia, su régimen tributario y los procesos de disponibilidad laboral, se ha requerido emitir casi 30 disposiciones, entre decretos-leyes, acuerdos del Gobierno y resoluciones de varios ministerios e institutos nacionales.

Hace sólo unos días una resolución del Ministerio de Finanzas que modificó los precios de acopio de un grupo de productos agropecuarios, tuvo que dejar sin efectos otras 36 resoluciones de ese propio organismo, emitidas en diferentes fechas de años anteriores, pero todas vigentes.

Estos hechos dan una idea del trabajo que en materia de ordenamiento jurídico tenemos por delante con el fin de reforzar la institucionalidad del país, y eliminar tantas prohibiciones irracionales que han perdurado por años, sin tener en cuenta las circunstancias existentes, creando el caldo de cultivo para múltiples actuaciones al margen de la ley, que frecuentemente dan lugar a la corrupción en distintos grados. Puede llegarse a una conclusión probada por la vida: las prohibiciones irracionales propician las violaciones, lo que a su vez conduce a la corrupción y la impunidad, por eso creo que la población tiene razón en sus preocupaciones respecto a los engorrosos trámites asociados a la vivienda y la compra-venta de vehículos entre las personas, por solo citar dos ejemplos, que actualmente son objeto de estudio para su solución de manera ordenada.

Al propio tiempo, se impone simplificar y agrupar la legislación vigente, por lo general bastante dispersa. Los documentos rectores se elaboran para ser del dominio de aquellos responsabilizados con su cumplimiento, no para ser engavetados. En consecuencia, es preciso educar a todos los cuadros y exigirles trabajar con las disposiciones legales que rigen sus funciones y controlar que esto se cumpla como un requisito de idoneidad para ocupar un cargo determinado.

Vale recordar, otra vez, que el desconocimiento de la ley no exime a nadie de su cumplimiento y que, según la Constitución, todos los ciudadanos tienen iguales derechos y deberes, por lo cual quien cometa un delito en Cuba, con independencia del cargo que ocupe, sea quien sea, tendrá que enfrentar las consecuencias de sus errores y el peso de la justicia.

Pasando a otro asunto, también recogido en los Lineamientos, del plan del próximo año se han excluido 68 inversiones de importancia para el país por no cumplir los requerimientos establecidos, entre ellos, la determinación del financiamiento, la preparación técnica y de proyectos, la definición de las fuerzas constructoras capaces de acometerlas en los plazos fijados y la evaluación de los estudios de factibilidad. No permitiremos el derroche de los recursos destinados a inversiones a causa de la espontaneidad, la improvisación y la superficialidad, que en no pocos casos, han caracterizado al proceso inversionista.

Al tratar estos temas es obligado referirme al papel determinante que corresponde jugar a los cuadros del Partido, el Estado, el Gobierno, las organizaciones de masas y juveniles en la conducción coordinada y armónica del proceso de actualización del modelo económico cubano.

En el curso de la paulatina descentralización que desplegamos, se han adoptado diversas medidas en favor de elevar la autoridad de los dirigentes administrativos y empresariales, a quienes continuaremos delegando facultades. En paralelo se perfeccionan los procedimientos de control y se eleva a niveles superiores la exigencia frente a las manifestaciones de negligencia, indolencia y otras conductas incompatibles con el desempeño de cargos públicos.

Igualmente, tenemos plena conciencia del daño que ha ocasionado a la política de cuadros durante años el fenómeno de la “pirámide invertida”, es decir, que los salarios no están en correspondencia con la importancia y jerarquía de los puestos de dirección ocupados, ni existe la diferenciación adecuada entre unos y otros, lo cual desestimula la promoción de los más capaces hacia responsabilidades superiores en las empresas y en los propios ministerios. Esta es una cuestión fundamental que debe ser solucionada de acuerdo con lo señalado en los lineamientos números 156 y 161, referidos a la política salarial.

El VI Congreso del Partido debe ser, por ley de la vida, el último de la mayoría de los que integramos la Generación Histórica; el tiempo que nos queda es corto y, sin el menor asomo de inmodestia o vanidad personal, pienso que estamos en la obligación de aprovechar el peso de la autoridad moral que poseemos ante el pueblo para dejar el rumbo trazado.

No nos creemos más inteligentes o capaces que nadie, ni nada por el estilo, pero sí estamos convencidos que tenemos el deber elemental de corregir los errores que hemos cometido en estas cinco décadas de construcción del Socialismo en Cuba y en ese propósito emplearemos todas las energías que nos quedan, que afortunadamente no son pocas.

Redoblaremos la constancia y la intransigencia ante lo mal hecho, los ministros del gobierno y otros dirigentes políticos y administrativos conocen que contarán con todo nuestro respaldo cuando, en el cumplimiento de sus funciones, eduquen y a su vez exijan a sus subordinados y no teman buscarse problemas. Buscarse problemas por enfrentar lo mal hecho es en estos momentos una de nuestras tareas principales.

También para todos está claro que no nos encontramos en aquellos años iniciales tras el triunfo en 1959, cuando algunos que ocuparon cargos gubernamentales renunciaban para patentizar su oposición a los primeros pasos radicales que emprendía la Revolución y por ello esa actitud se catalogaba entonces de contrarrevolucionaria. Hoy lo verdaderamente revolucionario y honesto, cuando un cuadro se sienta cansado o incapaz de ejercer su cargo a cabalidad, es solicitar su renuncia, con dignidad y sin ningún temor, lo que siempre será preferible a ser destituido.

Con relación a este asunto, debo hacer referencia a tres compañeros que ocuparon importantes responsabilidades en la dirección del Partido y el Gobierno, y que por las faltas que cometieron, el Buró Político les solicitó la renuncia a su condición de miembros de ese organismo de dirección, del Comité Central y de diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Se trata de Jorge Luis Sierra Cruz, Yadira García Vera y Pedro Sáez Montejo. Los dos primeros fueron liberados además de las responsabilidades como ministros del Transporte y la Industria Básica, respectivamente. Sierra por tomarse atribuciones que no le correspondían y que le condujeron a serios errores en la dirección y Yadira García por un pésimo trabajo al frente del ministerio, reflejado de manera particular en el débil control sobre los recursos destinados al proceso inversionista, propiciando el derroche de estos, como se comprobó en el proyecto de expansión de la empresa niquelífera Pedro Soto Alba, en Moa, provincia de Holguín. Ambos compañeros fueron criticados severamente en sendas reuniones conjuntas de la Comisión del Buró Político y el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros.

Por su parte, Pedro Sáez Montejo, dando muestras de superficialidad incompatibles con el cargo de Primer Secretario del Partido en Ciudad de La Habana, infringió normas del trabajo partidista, lo cual fue discutido con él por una comisión del Buró Político, presidida por mí e integrada por los compañeros Machado Ventura y Esteban Lazo.

Es justo hacer constar que los tres reconocieron los errores señalados a cada uno y asumieron una actitud correcta, razón por la cual la Comisión del Buró Político decidió mantener su condición de militantes del Partido. Igualmente, se consideró conveniente ubicarlos a todos en trabajos afines a sus respectivas especialidades.

En el plano personal, los tres seguirán siendo mis amigos, pero yo solo tengo compromisos con el pueblo y muy especialmente con los caídos en estos 58 años de lucha ininterrumpida desde el golpe de estado de 1952. Si así hemos procedido con tres altos dirigentes, sépase que esta es la línea que seguirá el Partido y el Gobierno con todos los cuadros. Mayor exigencia, a la vez que alertaremos y adoptaremos las medidas disciplinarias pertinentes cuando se detecten transgresiones de lo establecido.

Como estipuló la Ley modificativa de la División Político Administrativa, el próximo mes de enero se constituirán las nuevas provincias Artemisa y Mayabeque, cuyos órganos de gobierno iniciarán su funcionamiento bajo nuevas concepciones organizativas y estructurales, mucho más racionales que las existentes en la actual provincia La Habana.

Se han definido las funciones, estructuras y plantillas. Se trabaja en la definición de sus atribuciones, así como en las relaciones con los organismos de la Administración Central del Estado, las empresas nacionales y las organizaciones políticas y de masas. Seguiremos muy de cerca esta experiencia para su gradual generalización al resto de los órganos locales de gobierno, o sea, de todo el país, en el transcurso de los próximos cinco años. Defendemos la utilidad de proseguir elevando paulatinamente la autoridad de los gobiernos provinciales y municipales y dotarlos de mayores facultades para el manejo de los presupuestos locales, a los cuales se destinará parte de los impuestos generados en la actividad económica con el fin de contribuir a su desarrollo.

En medio de la convulsa situación internacional avanzan las relaciones con los pueblos y gobiernos de casi todas las naciones.

El mundo ha recibido asombrado las escandalosas revelaciones de cientos de miles de documentos clasificados del gobierno de los Estados Unidos, una parte de ellos muy recientes, sobre las guerras en Irak y Afganistán y, luego, sobre los más variados temas de sus relaciones con decenas de Estados.

Aunque todos se preguntan qué estará ocurriendo verdaderamente y cómo podría relacionarse esto con los vericuetos de la política norteamericana, lo difundido hasta ahora demuestra que ese país, aunque disimule con una retórica amable, sigue en lo esencial las políticas de siempre y actúa como un gendarme global.

En las relaciones con los Estados Unidos no se aprecia la menor voluntad de rectificar la política contra Cuba, ni siquiera para eliminar sus aspectos más irracionales. Se hace evidente que en esta cuestión sigue prevaleciendo una minoría reaccionaria y poderosa que sirve de sustento a la mafia anticubana.

Estados Unidos no solo desprecia el reclamo abrumador de 187 países que demandan poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero contra nuestro país, sino que en el año 2010 endureció su aplicación e incluyó nuevamente a Cuba en sus listas espurias, mediante las cuales se arrogan el derecho de calificar y difamar a Estados soberanos para justificar acciones punitivas o incluso actos de agresión.

La política de Estados Unidos contra Cuba no tiene la menor credibilidad. No les queda más remedio que acudir a la mentira para reiterar acusaciones entre las que sobresalen, por su escandalosa falsedad, que somos un país patrocinador del terrorismo internacional, tolerante ante el tráfico interno de niños y mujeres con fines de explotación sexual, violador flagrante de los derechos humanos y responsable de restringir, de manera significativa, las libertades religiosas.

El gobierno norteamericano trata de esconder sus propios pecados y pretende evadir su responsabilidad en el hecho de que sigan impunes en ese país notorios terroristas internacionales, reclamados por la justicia de varios países, al mismo tiempo que se mantienen en injusta prisión nuestros Cinco hermanos por luchar contra el terrorismo.

En sus calumniosas campañas sobre el tema de los Derechos Humanos en Cuba, los Estados Unidos han encontrado la connivencia de países europeos conocidos por su complicidad con los vuelos secretos de la CIA, el establecimiento de centros de detención y tortura, por descargar los efectos de la crisis económica sobre los trabajadores de menores ingresos, la violenta represión contra los manifestantes y la aplicación de políticas discriminatorias hacia los inmigrantes y minorías.

Junto a las naciones hermanas de América Latina proseguiremos luchando por la integración emancipadora y en los marcos de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, trabajaremos por afianzar la solidaridad y unidad que nos fortalecerá a todos, cada vez más.

Así continuaremos apoyando a la fraterna nación de Haití, donde nuestro personal de la salud, junto a médicos latinoamericanos y haitianos graduados en Cuba, enfrenta con abnegación y de forma desinteresada y humanitaria la epidemia de cólera, los daños del terremoto y la secuela de siglos de explotación y saqueo de ese noble pueblo, que necesita de la comunidad internacional recursos para la reconstrucción y, especialmente, para el desarrollo sostenible.

También es propicia la ocasión para desde este Parlamento enviar, en nombre de todos los cubanos, un mensaje de aliento y solidaridad al hermano pueblo de Venezuela, que sufre los embates de lluvias torrenciales con cuantiosas pérdidas de vidas humanas y daños materiales. Las decenas de miles de colaboradores cubanos que prestan servicios en ese país, recibieron tempranamente instrucciones de ponerse a disposición de los venezolanos y del Presidente Hugo Chávez para lo que sea necesario.

El próximo mes de abril se cumplirán 50 años de la proclamación del carácter Socialista de nuestra Revolución. En las arenas de Playa Girón nuestras fuerzas combatieron por primera vez en defensa del socialismo y en apenas 72 horas, bajo la conducción personal del Comandante en Jefe, derrotaron la invasión mercenaria patrocinada por el gobierno norteamericano.

En ocasión de tan relevante acontecimiento, el 16 de abril realizaremos una Revista Militar, con participación de tropas y medios de combate, a la que asistirán los delegados al VI Congreso del Partido que esa propia tarde se congregarán para el inicio de sus trabajos, que esperamos concluir el 19 de abril, Día de la Victoria de Playa Girón. El cierre de la Revista lo protagonizarán varias decenas de miles de jóvenes, representando a las nuevas generaciones, que constituyen la garantía de la continuidad de la Revolución.

Esta conmemoración estará dedicada a nuestra juventud, que nunca le ha fallado a la Revolución. Jóvenes fueron los que cayeron en el asalto a los cuarteles Moncada y de Bayamo;

jóvenes fueron los que se sublevaron en Santiago de Cuba bajo la dirección de Frank País;

jóvenes eran los expedicionarios del Granma, que tras la debacle de Alegría de Pío formaron el Ejército Rebelde, fortalecidos por oleadas también de jóvenes provenientes del campo y las ciudades, en primer lugar el refuerzo santiaguero organizado personalmente y enviado por el propio Frank;

jóvenes eran los integrantes del poderoso movimiento clandestino;

Jóvenes fueron los valerosos asaltantes al Palacio Presidencial y a la emisora Radio Reloj el 13 de marzo de 1957, encabezados por José Antonio Echeverría;

jóvenes fueron los que combatieron heroicamente en Girón;

jóvenes y adolescentes se sumaron a la campaña de alfabetización hace también 50 años;

jóvenes eran la mayoría de los combatientes en la lucha contra las bandas mercenarias que organizó la CIA;

jóvenes fueron los que protagonizaron hermosas páginas de coraje y estoicismo en las misiones internacionalistas en varias naciones, particularmente en ayuda a los movimientos de liberación en África;

jóvenes son nuestros Cinco Héroes que arriesgaron sus vidas luchando contra el terrorismo y sufren ya más de doce años de cruel prisión;

jóvenes son muchos de los miles y miles de colaboradores cubanos que defienden la vida humana curando enfermedades erradicadas en Cuba, apoyan programas de alfabetización y difunden cultura y la práctica deportiva a niños y adultos por todo el mundo.

Esta Revolución es obra del sacrificio de la juventud cubana: obrera, campesina, estudiantil, intelectual, militar; de todos los jóvenes en todas las épocas que les ha tocado vivir y luchar.

Esta Revolución la conducirán adelante los jóvenes plenos de optimismo e inconmovible fe en la victoria.

Grandes han sido los retos y también los peligros desde el triunfo de la Revolución y muy especialmente a partir de Girón, mas ninguna dificultad ha podido doblegarnos. Estamos aquí y estaremos por la dignidad, la entereza, el valor, la firmeza ideológica y el espíritu de sacrificio y revolucionario del pueblo de Cuba, que hace mucho tiempo hizo suyo el concepto de que el socialismo es la única garantía para seguir siendo libres e independientes.

Muchas gracias.
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31.10.10

Sobre el cambio del modelo cubano

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El carácter universal y particular del sistema y del modelo económico en el caso cubano

Evaristo Hernández, Octubre, 2010

En método dialéctico nos enseña que para efectos de análisis es necesario tener presente, en primer lugar, que todo movimiento en la naturaleza, la sociedad y el pensamiento, es contradictorio, la totalidad es la contradicción. La contradicción tiene un carácter universal, está presente en todo, con sus leyes generales y también tiene un carácter particular, tiene leyes y propiedades específicas. En esta dirección es que distinguimos el carácter universal de las contradicciones en el capitalismo de las contradicciones particulares.
En el sistema económico se contienen las contradicciones universales y en el modelo económico las contradicciones particulares.
Se ha reeditado recientemente la discusión sobre “modelo económico”. Esta vez para el caso de Cuba. En unas declaraciones del ex presidente de Cuba, Fidel Castro, emitidas en respuesta a la pregunta de un periodista judío-sionista, sobre la intencionalidad política de la exportación del “modelo cubano”. Según el periodista la afirmación de Fidel Castro fue que “el modelo cubano ya no funciona ni siquiera para nosotros”. Las noticias decían posteriormente que Fidel Castro, contra argumentaba expresando que lo que quiso decir era precisamente lo contrario, que el capitalismo no funcionaba.
Yo no veo problema alguno en reconocer que el modelo cubano no funciona, si se entiende, que el modelo es el modo de concreción de un sistema económico, el socialista, en este caso. Si la terminología se quiere extender, también puede aplicarse a lo político: el modelo político puede no funcionar, pero ello no implica que el sistema no funcione.
La planificación centralizada por parte del Estado, ha sido concebida a partir del modelo soviético del socialismo, como una parte esencial, sine que non, del sistema socialista; con cierto grado de equivocación a mi juicio. La planificación estatal completamente centralizada es una propiedad del modelo socialista, no del sistema.
La característica esencial del sistema socialista, es la organización de la economía y la sociedad en base al principio del trabajo.
La premisa básica del socialismo es el inicio de un sistema económico en el que no exista la explotación del trabajo humano y en esta premisa fundamental de que ningún ser humano debe ser explotado, radica la igualdad que propugna el socialismo; y la igualdad socialista no es contradictoria con su principio de funcionamiento que establece la remuneración diferenciada al trabajo. Igualdad en el sentido de inexistencia de explotación para todos, pero diferenciación en el sentido de que la remuneración desigual al trabajo humano debe guiarse por el tipo de trabajo o especialización (por el tiempo de trabajo necesario para producir los conocimientos, habilidades y destrezas en cada ser humano, que es diferente de otros); los méritos, la experiencia, la idoneidad y destreza materializada en las obras ejecutadas; la capacidad para realizar las obras y el contexto del trabajo (mayores o menores riesgos o logística del trabajo).

Incluso, a contrapunto del modelo soviético que fortaleció la ingerencia paralizante del Estado en la economía; en la teoría socialista tanto en el modelo como en el sistema, se deben sentar bases para que el Estado desaparezca como organismo social que promueve o defiende privilegios o intereses económicos, políticos y sociales de una clase o sector de la población. En la tendencia histórica, de acuerdo a la teoría socialista, debe iniciarse un proceso de disolución del Estado hasta reducirlo a su expresión de un ente administrativo de recursos públicos.

Cuando en Cuba se inician transformaciones que posibilitan que las personas desarrollen su iniciativa y recojan los productos de su propio esfuerzo, sin explotar a otras personas y redituando los servicios que prestan los servicios públicos, probablemente se altera el funcionamiento del modelo socialista, pero no el sistema socialista.
Cambiar el modelo, desde luego, puede convertirse si no se administra bien el cambio, en un cambio del sistema.
Pero la necesidad, es decir que no es una opción, de un cambio en el modelo tiene el propósito de fortalecer y desarrollar el sistema. Y eso es a mi juicio lo que está sucediendo en Cuba. Un cambio en el modelo para fortalecer y desarrollar el sistema.
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17.10.10

Un análisis del colapso del socialismo soviético

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Las negrillas, sangrías, cursivas y separación de algunos párrafos son nuestros para efectos de estudio.

Tomado de:


Breve historia de Rusia: del modelo zarista atrasado, a segunda economía y colapso del socialismo


La Revolución Rusa

Por Gabriel Martin

Publicado digitalmente: 24 de mayo de 2007

Esta breve historia de Rusia y la experiencia soviética es un intento de abordar la comprensión de cómo un país dependiente de las exportaciones de materias prima y atrasado tecnológicamente pudo llegar, luego de la Revolución de 1917 y la Guerra Civil que culminó en 1921, a ser la segunda potencia mundial en dos décadas, con una planificación centralizada del Estado. No obstante, este crecimiento estuvo acompañado por una política represiva de Stalin y la burocracia soviética que terminó volviéndose en su contra y antagónica a los postulados de la Revolución del ’17, devorándose a sí misma y que culminó con la restauración del capitalismo y el colapso del bloque socialista tal como se lo conoció en el siglo XX.

Parte I

El campesinado ruso y sus relaciones sociales y políticas, desde el poder político zarista hasta el inicio de la colectivización. Los cambios económicos, políticos y socioculturales. Los programas agrarios de los eseritas, cadetes, mencheviques y bolcheviques antes y durante la Revolución de 1917. Las políticas agrarias propuestas en los inicios de la Unión Soviética y la planificación estatal entre 1918-1930.

El absolutismo zarista fue una máquina de represión para “liquidar las tradicionales libertades comunales de los pobres”[1]. La conformación del absolutismo se vio impulsada por le desarrollo del mismo al oeste de continente, y fue una consolidación de la servidumbre: implementaban desde arriba un mundo nuevo. Tanto el absolutismo como la servidumbre estuvieron ligados, aunque el primero se consolidó con el reforzamiento del segundo. Europa Occidental se relacionó con el feudalismo ruso desde el aspecto político influenciando en la estructura estatal, dado que en el sistema internacional de producción, sólo cuando estallara el capitalismo se podría articular el mercado mundial industrial.
La primera medida promulgada por el absolutismo fue universalizar la servidumbre para la población rural, un férreo control sobre las ciudades y todas las tierras en manos de los nobles estaban comprometidas a prestar servicio militar al Zar, consolidando el poder centralizado.
Con esto, la aristocracia nobiliaria concede la formación del absolutismo a cambio de la abolición de las libertades que gozaba el campesinado, pasando este ahora a una servidumbre garantizada jurídicamente por el Estado.

Lo jurídico fue transformado por el absolutismo “en práctica económica”[2].Fue el factor interno del modo de rebelión del campesinado uno de los más importantes que forjaron al absolutismo oriental. Hasta entonces, una de las principales preocupaciones de los nobles era el control de almas para la producción agraria, dado que ante un aumento de presión, el campesinado huía a tierras despobladas y medianamente productivas (“privilegio” que no poseían los campesino en Europa Occidental), siendo ahora todo el territorio ruso propiedad del Zar como autoridad única del Estado fuerte y centralizado, que garantizaba la posición de la nobleza feudal.
Los Romanov ligaban la propiedad de la tierra a la conformación del ejército, y Pedro El Grande universalizó este sistema en el que todas las tierras estaban ligadas al ejército y los nobles revistaban en el Estado.
En vísperas de la Revolución de 1905, el campesinado conformaba al 80% de la población y hasta el siglo XVI no había conocido la servidumbre como sus pares de Europa Occidental, que recién se desarrollaría desde entonces hasta el s.XVIII. Habitaba tierras despobladas con fronteras expansivas, podían huir con facilidad de las tierras, lo que se transformó en su principal método de lucha y el Estado crea una maquinaria para “anclarlos” a la tierra. En el s.XVII comienzan a darse rebeliones de gran escala, alimentadas por formas particulares, como por ejemplo los falsos zares.

Esta capacidad de revelarse encontró sus condiciones en la reforma de 1861. Esta emancipa al campesinado junto a grandes tierras y los nobles se quedan con las extensiones más ricas pero sin siervos. La nobleza para ese entonces es un grupo social en decadencia y de ellos sólo mantienen una buena posición los que escalaron en los rangos estatales y los que obtuvieron altos excedentes por destacarse como comerciantes.

El campesinado vivía en una comuna, una aldea rodeada de las tierras que explotaba. Esta comuna era una unidad administrativa donde se decidía el reparto de la tierra y se reacomodaba cada 10 años, administraban el tesoro comunal para los gastos de la comuna, decidían ellos las levas militares y administraban el excedente que pagarían como impuesto a la servidumbre que recaudaba el noble feudal.

El campesinado tenía dos focos de legitimación, el primero dentro de su propia comunidad, y el segundo es el propio Zar, que según dice Claudio Sergio Ingerflom, estaba enfrentado a los nobles que los oprimían[3].

Para el s.XIX-XX la comuna cambia en su estructura por la revolución de 1905, de la que el campesinado participa en la expropiación de tierras privadas. El absolutismo responde con la Reforma Stolypin, que disuelve la tierra comunal transformándola en privada, unificando los bloques de tierra. Ante esto, apenas el 25% de las comunas adhieren a la reforma. Pero, por reforma justamente no podía salirse del sistema feudal, “acompañadas de un régimen de violencias de todo género (…) mientras no sean derrocados los terratenientes feudales, cualquier reforma sólo es posible al modo feudal, con carácter feudal y aplicada con métodos feudales”[4].
Rusia tenía dos sistemas sociales combinados que operaban juntos en total desigualdad. Uno, “la aristocracia, el gobierno y el Imperio, nadando en dinero y cuyas armas consistían no sólo en bayonetas sino en todas las técnicas burocráticas y policíacas importadas de Alemania”[5]; por otra parte estaba “el pueblo anónimo, pobre, agrícola, comunal, democrática, desamparada”. Las ciudades tenían para entonces importantes similitudes con la Europa Occidental mientras que el campesinado vivía con una organización social cerrada y auto perpetuadora. Ambos sectores y estructuras se vinculaban apenas por un territorio compartido y por relaciones de poder donde el primero sometía al pueblo anónimo.
A partir de la Revolución de 1905 se genera un estallido en búsqueda de modernización democrática, constantemente reprimida por el zarismo. En tal revolución, las diferencias en la socialdemocracia rusa se hicieron irreconciliables entre bolcheviques y mencheviques, más allá que la revolución fue derrotada y sus planes políticos abortados.

Ambas facciones buscaron saldar diferencias en el IV Congreso convocado por POSDR (Partido Obrero Social Demócrata Ruso).

La tierra seguía en manos de los grandes terratenientes y era el eje planteado por el movimiento campesino como problema a resolver. Dentro de los bolcheviques había dos posturas: la más revolucionaria fue planteada por Lenin que implicaba la nacionalización de todas las tierras de la Iglesia, zaristas y propietarios, en caso de triunfar la revolución; mientras que otro sector de los bolcheviques, en que se encontraba Stalin proponían en cambio una división de la tierra de los propietarios y entregarla a los campesinos en parcelas como propiedad privada[6]. Como estadio intermedio entre el Estado y el campesinado los bolcheviques proponían la conformación de Comités Campesinos.

Los mencheviques planteaban municipalizar las tierras y arrendarlas a los campesinos, y afirmaban que la nacionalización propuesta por Lenin generaría un efecto contrarrevolucionario porque habría una rebelión generalizada del campesinado contra la estatización de sus tierras, y al mismo tiempo la reacción usaría este elemento para azuzar a los campesinos a rebelarse. Para los mencheviques, en vez de los comités propuestos por los bolcheviques, debían instituirse un autogobierno local como intermediario con el gobierno central. A esta postura adherían los eseristas (izquierdistas).

Para los bolcheviques, planteada la polémica en el seno de la socialdemocracia, el campesinado junto al proletariado llevarían adelante la revolución burguesa, por lo que la respuestas al campesinado eran tácticas para que el Partido lleve adelante la estrategia de una revolución socialista, que consideraba, estaba sólo en sus manos. A esto, los mencheviques replicaban que la revolución dependía de las experiencias de las masas por encima del protagonismo del Partido en la revolución.

Ambos sectores de la socialdemocracia tenían contrapuestas visiones respecto a la hegemonía del poder. Los bolcheviques buscaban la dictadura democrático-revolucionaria del proletariado y los campesinos, toma del poder inmediata por parte del partido y pasar desde allí de la revolución burguesa al socialismo, el campesinado y el proletariado debían someterse a esta dirección; mientras que los mencheviques tenían un plan liberal democrático bajo el empuje del movimiento popular y de la política socialdemócrata a fin de generar las condiciones más avanzadas para una acción posterior de la clase obrera, además, consideraban que está se educaría políticamente desde una posición hegemónica con lo que maduraría el partido.

Sobre la composición del partido socialdemócrata, Lane asegura que la mayoría de sus integrantes provenían de clases acomodadas y que “mayor número de bolcheviques activistas que de mencheviques era de origen campesino”, siendo el 38%, “lo que demuestra el apoyo de los bolcheviques entre los estratos inferiores y los recién llegados a la vida urbana”[7], aunque la llegada de la socialdemocracia al campesinado era débil y para 1905, la mayoría de origen campesino que estaba vinculada a la socialdemocracia ya estaba trabajando en grandes fábricas y talleres.

Para 1917, Lenin dirá sobre el campesinado, en sus Tesis de Abril, que habrán de cumplirse una serie de puntos que ya venía planteando: 1. En el programa agrario, trasladar el centro de gravedad a los Soviets de diputados braceros; 2. Nacionalización de todas las tierras del país; 3. creación de Soviets especiales de diputados campesinos pobres. Esta especificación de Lenin está enmarcada en una serie de puntos de cómo el Partido debía llegar al socialismo, que no debía ser implantado sino que se daría por la instauración inmediata del control de la producción social.

Durante la Revolución del ’17, en Los Bolcheviques deben tomar el poder, Lenin afirma que una vez tomado, este debe ser defendido y vencer la resistencia del enemigo, había que ofrecer como acto de paz democrática, entregar en el acto la tierra a los campesinos, a quienes sólo los bolcheviques podrá satisfacer. Con esto, debe entenderse que Lenin busca lograr un masivo apoyo para los bolcheviques de las clases populares, en un país donde casi el 80% de la población era campesina. Logrado esto, la revolución podría avanzar en la Asamblea Constituyente y toma del poder por el partido. Puede verse entonces que, con las observaciones de Lane que ve a la socialdemocracia rusa y a los bolcheviques en particular como organizaciones conformadas primordialmente por obreros nucleados en centros urbanos, la entrega de tierras serviría a los fines de evitar un alzamiento contrarrevolucionario que desgaste el proceso ya desatado. De hecho, Lenin señala que en el avance revolucionario, los campesinos sólo podrán obtener la tierra con los bolcheviques, cosa que no ocurriría ni con los eseristas ni los mencheviques. Lenin dirá en el Marxismo y la Insurrección que inmediatamente el poder sea tomado por el proletariado revolucionario, debe declarar inmediatamente la paz, tierra a los campesinos y confiscación de las ganancias escandalosas y finalizar el sabotaje de la producción por los capitalistas.

Durante el Gobierno Provisional surgido con el Soviet de Petrogrado, Lenin y el Partido Bolchevique encuentran indispensable mantener el apoyo del campesinado para avanzar sobre el poder en manos de Kerenski (eserista), que junto a los mencheviques pretendían aplacar la insurrección campesina contra los terratenientes, a lo que Lenin señala que la coalición eserista-menchevique, son defensoras de estos últimos. Retener Petrogrado y azuzar la insurrección campesina eran para Lenin elementales para tomar Moscú.

El programa de entrega de tierras a los campesinos de Lenin y los bolcheviques durante la revolución tenían como principal objetivo político volcar a esta clase, mayoritaria en Rusia, a su favor para neutralizar y derribar al Gobierno Provisional. Esto dentro de una serie de medidas coyunturas que pueden verse en la Carta al CC, a los Comités de Moscú y Petersburgo y a los miembros bolcheviques de los Soviets de Petersburgo y Moscú, también Lenin hacía referencia a una serie de concesiones a los obreros ferroviarios y del correo.

Asimismo, Lenin tenía en cuenta, según puede verse en el Acta de la reunión del CC del POSRD de octubre de 1917 que, si bien la insurrección campesina generaba las condiciones para la toma del poder político, en el marco de la lucha de clases “las condiciones objetivas demuestran que el campesinado debe ser dirigido, seguirá al proletariado”[8], con lo que se refuerza la caracterización proletaria urbana del partido bolchevique. En las mismas Tesis de Abril, en Carta a los Miembros del CC del 24 de octubre de 1917, se puede leer como Lenin reitera una vez más, en pos de la toma inmediata del poder por parte de los bolcheviques, que la primer política programática a tomar con el campesinado es la “inmediata toma de posesión de la tierra, abolición de la propiedad privada”, que afirmará como garantizada en el Comunicado “¡A los ciudadanos de Rusia!”, del Comité Militar Revolucionario del Soviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado, del 25 de octubre de 1917.

La confrontación entre el Gobierno Provisional y los bolcheviques encontró al campesinado volcado a favor de este último, y durante el la guerra civil desatada contra el zarismo entre 1918-1921, los trabajadores agrarios mantendrían su apoyo al Ejército Rojo por el restaurador Ejército Blanco que era una amenaza a la vuelta de la monarquía absolutista.

La crisis que atravesaba Rusia tras largos años de convulsión llevó a la implementación de la NEP para promover la producción agrícola, que generaría un excedente que sería intercambiado con el sector industrial. En el período inicial, Moscú, ahora capital de Rusia, permitió la venta de productos agrícolas a cambio de un impuesto a la producción neta para incentivar el desarrollo industrial y el Estado aún no estatizaba toda la economía sino que controlaba los resortes esenciales, como la industria pesada, comercio exterior, transporte y finanzas. Para 1928, bajo la NEP, la producción agrícola, junto a la industrial, se había recuperado y superado los niveles del período prerrevolucionario.

Para cuando se produjeron desequilibrios económicos de este sistema, el Estado se posicionó como contralor central de la economía, y ante el aumento de los precios de bienes industriales se le respondió con la fijación de valores máximos a los artículos manufacturados para frenar la inflación. La reducción de los precios de los cereales generó que los campesinos evitaran vender la producción, demostrando que el Estado central, si bien era fuerte, no podía evitar por completo cierto grado de comercio de particulares.
José Stalin, secretario general del PCUS, veía que este tipo de actividades de los campesinos y comerciantes eran una amenaza para el comunismo y para 1929 se reinstauraron las cuotas de producción agrícola y el comercio privado pasó a ser un delito.
Uno de los puntos esenciales de este período es la polémica Bujarin-Preobrazhensky, que se daban en torno a la relación entre el campo y la industria, donde el equilibrio entre el agro y la ciudad sólo puede permanecer durante un período corto, por lo que se debía optar por un camino progresivo para los trabajadores industriales.

Preobrazhensky, parte de un proceso de transición en que debía darse la acumulación socialista originaria, en la que debía suprimirse la ley de valor. Como no podía actuarse en el marco que lo hacía un país capitalista, recurriendo a empréstitos externos, colonialismo, etc., “las fuentes de acumulación deben buscarse dentro del país pero fuera de la economía estatal”[9]. Para ello se debe romper con los equivalentes y el sector socialista debe dominar al no socialista, donde primaba la toma de excedente agrario del campesinado y especialmente de los grandes terratenientes para reinvertirlo en el desarrollo industrial. Esta Oposición de Izquierda señalaba que el camino a la industrialización era hacerla a expensas de la agricultura, elevando los precios de los productos industriales, especialmente en la producción de bienes de capital, para hacerlo de modo acelerado.

Por otro lado, Bujarin y otros economistas defendían la vigencia de la ley de valor y sostenían que había que mantener la alianza de clases y atar el crecimiento de la economía soviética, en primera instancia, al crecimiento del sector agrícola, relegando entonces el desarrollo industrial que avanzaría lentamente, mientras se daba un intercambio de equivalentes con una producción de bienes de consumo.

La Crisis de las Tijeras, había jaqueado a Preobrazhensky, cuando los productores agrícolas se retiraron del mercado ante el aumento de los productos industriales, a lo que Azqueta Oyarzun señala, Trostky y Preobrazhensky insistieron en elevar aún más los precios para reforzar la industria, especialmente la de producción de bienes de capital.

La NEP finalmente había fortalecido a los sectores que se proponía terminar, y la radicalización de la vía industrialista, cuando se proponía desarrollar primero la industria y desde allí asistir al desarrollo del agro y no a la inversa. Finalmente se optó por la baja de las manufacturas incentivando la industrialización para bienes de consumo y no de capital, mientras que aumentaron los granos, hasta que previo al Primer Plan Quinquenal el sistema volvió a colapsar dado que el control de granos por parte del gobierno no garantizaba la estabilidad, y para cuando este comenzó en 1928, Stalin ya se había desecho de la Oposición de Izquierda encabezada por Trostky y fue recién en 1930 cuando el comercio privado (que generaba el ingreso o retirada del mercado por parte de los kulaks) en delito de especulación, como así la contratación de mano de obra para obtener ganancia privada.

El mantenimiento de cierta parte del mercado era la condena de la NEP. La Oposición de Izquierda proponía aumentar el precio de las manufacturas respecto a la producción del campesinado para garantizar la acumulación en ahorro por parte del Estado, pero el costo político era más alto y Stalin desechó esto. Igualmente Stalin, que prefería la baja de los precios manufacturados, tampoco había optado completamente por la “Desviación de derecha” encabezada por Bujarin, que empujaba a una suba en el precio del grano, dado un fuerte debate en el seno del PCUS, que en febrero de 1927 reafirmó “la necesidad de mantener bajos todos los precios”[10]. La salida hacia los planes quinquenales fueron la victoria política de Stalin, con un fuerte y centralizado control del Estado.

Stalin había definido la relación con el campesinado ante el XV Congreso del Partido, en 1927, exponiendo como solución “en unir las minúsculas parcealas de los campesinos en un modo gradual pero firme, no por la presión sino por el ejemplo y la persuasión, en grandes fincas fundamentadas en el cultivo común, cooperativo y colectivo de la tierra”[11].

Parte II

La planificación centralizada y el salto a la superpotencia mundial. Stalin y la burocratización del Estado. La "desestalinización" de la URSS. Características internas del colpapso del modelo soviético y la restauración del capitalismo.

Luego del agotamiento de la NEP y la inicial estabilización de Stalin en el poder, comenzó en la URSS una industrialización acelerada y la colectivización compulsiva del campo, estabilizándose la planificación centralizada hacia el 2º y 3er Plan Quinquenal. Esto significaba que el grueso de la producción era absolutamente estatal, siendo el Estado Central quien definía políticamente la inversión y asignación de recursos a realizar en la producción.

Para la década del ’30, tanto teóricos como el propio Stalin consideraban que estaban en un socialismo maduro, y dadas las condiciones para la siguiente fase: el comunismo[1]. En tal sentido, la decisión política marchó hacia la conformación de estamentos centralizados y desde el Estado aplicar los cambios para imponer el interés general.

El modelo económico sobre el que trabajaron las instituciones, a diferencia del capitalismo occidental, sería con arreglo a la oferta de bienes, no a la demanda, según las orientaciones políticas. El mercado, en rigor no existe aunque persisten sobre la mesa el mercado de bienes de consumo y el mercado de trabajo.
La principal institución del Estado Centralizado era el Politburó, quien fijaba las metas de producción, siendo el Gosplan la oficina que traducía los objetivos y haría tres tipos de planes operativos: de largo plazo, con metas de desarrollo a 15 años; los planes quinquenales; planes operativos, de plazo anual para corregir y ajustar las variables. Al mismo tiempo el Gosnab era la polea del Gosplan que liberaba las órdenes de compra para las empresas.
De este modo se conformó la Economía de mando vertical, donde la dirigencia política del Politburó fijaba metas que bajaban al Gosplan y Gosnab, pasando luego a cada Ministerio y estos a las empresas estatales que dependen de dicha cartera, y a la inversa comienzan a elevarse los requerimientos, dándose en lo formal una comunicación sólo vertical, aunque informalmente habría intercambio de información de modo horizontal.

Este modelo de desarrollo generaría una competencia empresarial por los recursos a asignar, por lo que el Politburó elevará las metas de desarrollo como respuesta.
Los directores de empresa eran conservadores en sus informes sobre las metas que puedan alcanzar, a fines de asegurarse el cumplimiento de la cuota, porque eran penalizados ante la subproducción, y si demostraban mayor capacidad productiva el centro les elevaría las metas para el siguiente año.
“Toda la lógica del sistema soviético se basa en la proposición de que todos los directores de empresa subordinados tienen el deber de obedecer la instrucción del plan elaborado por el centro, porque estas encarnan supuestamente las necesidades de la sociedad”[2], afirma Nove. La función del director de empresa es la organización de la producción en la planta fabril.
El salario total del director era independiente de la utilidad bruta de la empresa que dirigía, y dependía más de su posición jerárquica en el aparato burocrático, más allá de su eficiencia: “el director de un gran complejo industrial monopolista que sufre constantes y cuantiosas pérdidas ganará mucho más que el director de una fábrica pequeña que dé muchas utilidades”[3].
El funcionamiento de este modelo, si bien tuvo sus fallas y requería, por su carácter centralizado, de un alto costo de información para lograr una producción coordinada, logró ubicar a la URSS como segunda economía mundial en poco tiempo. La plusvalía, en el caso soviético es tomada casi en su totalidad por el Estado, su distribución era definida por la jerarquía política más alta, y el desarrollo de cada empresa era “ordenada, como norma, por las fuentes centrales presupuestarias”[4].

De todos modos, al igual que la teoría del control político absoluto por parte de Stalin, este modelo tampoco era controlado absolutamente por el Estado:
“La demanda planificada de bienes de producción es superior a la oferta real. Esto provocaría un aumento de los precios si estos tuviesen la libertad para ello (…) puesto que no es este el caso, hay insuficiencia, y esto no sólo da lugar a los retrasos (problemas de calidad, retraso tecnológico, etc.) sino también a formas semilegales de trueque, cohecho y otros fenómenos no planificados o claramente ilegales”[5]. Había una segunda economía en las sombras que escapaba al control estatal, como “la producción de alimentos y provisión de servicios”[6], como actividad económica privada relativamente tolerada.
Otro campo que consumía un alto costo informativo era la necesidad del Estado para la fijación de precios sobre los bienes de consumo. Se veía limitada la Ley de Valor a transacciones donde había una compra y una venta (comercio al por menor, o compra de grano por Estado a una granja colectiva), pero en cuanto a la producción no había una verdadera venta ya que el Estado era el propietario de ambos sectores (minería y acería) y se fijaba un precio de transferencia[7]. Pero los bienes de consumo traían la dificultad de poder establecer precios bajos: al no haber vinculación entre oferta y demanda, políticamente el Estado necesitaba mantener los precios bajos, particularmente en los bienes de primera necesidad.

Al mismo tiempo, la planificación centralizada debía encontrar una solución a la cuestión campesina. Para esto no puede dejarse de lado la caracterización de un partido fundamentalmente urbano y proletario en una sociedad de abrumadora mayoría campesina. Las funciones de la NEP habían fracasado ante las crisis de las tijeras. Todo retroceso del campo impactaba en la ciudad, y para llevar adelante la planificación de desarrollo industrial el Estado debía controlar la situación. Ante la insistencia de Bujarin de mantener la alianza obrero-campesina, Stalin decide la avanzada socialista para no perder el apoyo obrero (base del partido) y se inicia la colectivización, en primera instancia para acabar con los kulaks.

Durante la revolución, la alianza obrero-campesina había sido forjada por necesidades coyunturales, pero con diferentes objetivos. El campesinado era el actor social mayoritario y participó en la Revolución ante el miedo de la restauración zarista, pero luego el partido bolchevique, proletario en esencia, no lograría tener una base campesina considerable.

De todos modos, la alianza de clases sería más una cuestión ideológica, ya que en lo práctico sería el proletariado, y por ende la ciudad, la clase que estaría por encima de la agraria.

“Una rebelión campesina podía significar la muerte del Estado Soviético”[8], señala Lynne sobre las apreciaciones de Stalin en 1928, ante el riesgo de escasez de granos en caso de guerra.

Para 1930, el 90% de la tierra estaba en manos de la comuna y ésta decidía el ritmo de la producción, por lo que la colectivización llevada adelante por el Estado divide a la tierra en dos tipos de unidades productivas: la granja colectiva y la granja estatal.

En noviembre de 1929, el CC resolvió la colectivización total: el bajo y medio Volga junto al Cáucaso septentrional serían afectados a la colectivización con un plazo máximo a la primavera de 1931, mientras que el resto de las regiones debían ser colectivizadas a mediados de 1932[9].

Esta colectivización compulsiva a corto plazo era necesaria para la industrialización acelerada, y el centro con Stalin, ante la debilidad del partido en el campo, para reafirmar su autoridad movilizó a cuadros confiables del proletariado hacia el campo, para frenar el peligro kulak y mantener a los obreros como apoyo del partido ante un posible desabastecimiento de granos por parte del agro. Con esto buscaba resolver la necesidad política ante la base del partido, la forma de asegurar el suministro agrario a la ciudad era mediante una reforma hacia granjas colectivas de gran escala.

Este proceso desnudaba una serie de dificultades de gran relevancia. Según cuenta Viola, la presencia del partido en el campo era, en 1930, de apenas de 339.000 campesinos comunistas, por lo que la dictadura del proletariado era en las formas sólo una cuestión urbana y era preciso reafirmarla en el campo.

Para reafirmar la autoridad del Centro, los soviets rurales resultaban de desconfianza por su origen de clase y fueron acusados de desviacionismo de derecha o extremismo de izquierda, según el momento. La solución era que cuadros del proletariado lideraran el proceso contra cualquiera de estas desviaciones que arrojaba el Estado Central: “Stalin mantenía que la clase trabajadora, bajo la guía del partido, serviría como agente histórico de concientización de los campesinos para la construcción del socialismo en el campo”[10].

En la búsqueda de llevar la conciencia de clase al campo, el centro reclutó y envió a 25.000 obreros para la campaña de colectivización, aunque en la práctica este movimiento era una gota en el océano, donde siguió predominando el caos y el centro reconoció que la campaña se le podía escapar de las manos.

En realidad, la decisión de Stalin y el partido era reforzar la alianza con el proletariado en esta revolución desde arriba. Desde el reclutamiento por parte de Lenin en 1924, el PC se había terminado por conformar como partido obrero, y la alianza obrero-campesina ya estaba rota. Esta alianza entre el partido y el proletariado, para la dirigencia “constituía el punto de apoyo para la instrumentación de su política y permitía al Estado dar los primeros pasos en la transformación socialista del país”, a la par que “el partido y las burocracias estatales, tanto en las ciudades como en el campo, fueron objeto de transformación, siendo purgado el personal y reemplazado por cuadros de mayor confiabilidad política”[11]. Al mismo tiempo que se realiza la colectivización, Stalin aprovechó para eliminar a los dirigentes bujarinistas y extendiendo la presión sobre el agro.

Uno de los mecanismos que aplicó el Estado para reafirmarse en el campo, mientras se decía que las metas agrarias del 1er. Plan Quinquenal habían sido rebasadas, fue la creación de fábricas de máquinas y tractores para el campo: “Un medio a través del cual se podía intervenir ampliamente sobre la producción agraria (…) y con una celeridad notablemente mayor se desarrolló un proceso en virtud del cual los campesinos perdieron su independencia”[12].

No obstante Reiman señala que dichas metas de producción agrícola no fueron cumplidas como anunciaba el Partido. El plan quinquenal pretendía ser un salto adelante según Stalin, estableciendo altas metas de crecimiento anual, que consagraba ritmos elevados de trabajo elevando el nivel de explotación de los obreros. Sobre el Estado, Ríkov había propuesto una descentralización de la economía, descargando del centro funciones operativas “a órganos locales y a las empresas a fin de dejar manos libres a los órganos directivos para la solución de las cuestiones fundamentales” pero “chocaron con la resistencia activa de Stalin y sus partidarios”[13]. Finalmente Ríkov, junto a Bujarin y Tomsky serían acusados en 1929 de ser la oposición de derechas en el partido, del cual serían expulsados. En realidad, esta campaña que instaló el concepto de antipartido “adquirió un contenido extraordinariamente amplio” siendo el sentido de la campaña darle a entender al pueblo “que no iba a haber indulgencia y que el partido se iba a mantener inexorablemente duro”[14] y expulsar a los tildados de desviación de derecha o de izquierda. Stalin y su buró difundieron así el “nuevo concepto de la doble cara, con el que se quería aludir a la actividad, supuestamente practicada por algunos miembros del partido, consistente en mostrar públicamente adhesión a la política oficial y promover subterráneamente la lucha contra la dirección”[15].

Stalin y la alta jerarquía burocrática también iniciaron una campaña para incentivar el alcance de las metas económicas acentuando el eje de la voluntad partidaria. Los medios tildaban a los obreros de vagos, pendencieros y bebedores. El disciplinamiento laboral se consiguió así con la amenaza de apartidario, mientras que la llegada de los campesinos a la ciudad impactaba a los viejos obreros, y gracias a esto Stalin pudo avanzar sobre una serie de conquistas de la Revolución, haciendo retroceder a los sindicatos al mismo tiempo que el Consejo General de éstos dirigió a todos los órganos sindicales la instrucción de acatar todas las medidas de incremento de la disciplina laboral, incluyendo la semana ininterrumpida.

La situación en el campo se agravaba en la medida que los campesinos eran condenados al régimen de hambre, con el consecuente aumento en la desorganización productiva. Se impuso, ante la escasez de alimentos las cartillas de aprovisionamiento, con lo que Stalin y el Partido, luego de rehusarse a comprar grano en el extranjero, privilegiaron el aprovisionamiento de las ciudades y las fuerzas armadas, donde residía su base de apoyo, y “amplias capas de la población y en primer término el campesinado y los elementos no obreros, se vieron absolutamente marginados del abastecimiento de víveres por el Estado”[16], poniendo a amplios sectores del campesinado al borde la muerte en el inverno de 1932-1933.

Hasta entonces, Stalin era el dirigente más alto y un pragmático aunque debía supeditarse a las líneas políticas del buró, pero luego la situación cambiaría radicalmente y, mientras se lanzaban dardos contra las desviaciones de izquierda y derecha, Stalin asumió como máxima autoridad ideológica, respaldado por el Comité Central que “envolvió a Stalin con el aura del teórico y político infalible del partido”[17]. Comenzarían así los juicios, destituciones y purgas en el partido contra los trotskistas (izquierdistas) y derechistas. El terror se habría impuesto así hacia dentro del partido y por la vaguedad de las etiquetas acusatorias, se harían peligrosas las relaciones con miembros del partido.

De todos modos no puede admitirse que solo Stalin pudo aplicar un terror absoluto, ni que este fuera posible de implementarse en situaciones de caóticos cambios. En todo caso, Stalin era la expresión de un sector dirigente y “requería la formación de una capa social dominante separada del pueblo”[18], con un cambio en las relaciones sociales una vez purgado el partido, donde la sociedad de iguales pasó a regirse por el escalafón de pertenencia a la Nomenklatura, marcando una pronunciada ruptura con la Revolución de Octubre.

A medida que fue tomando con el tiempo mayor conciencia de sí misma, más se escindió del resto de la sociedad y la Nomenklatura fue gozando cada vez de mayor poder, prestigio y privilegios. Inclusive, la Nomenklatura terminó “por convertirse en un nombre colectivo referido al estrato gobernante del propio partido”[19].

El Partido era el Estado y la clase burócrata que lo controlaba detentaba el monopolio en la decisión de la política económica y social, el ejército, la policía, los tribunales y la prensa, con lo que se blindaba a sí mismo y era capaz de aplicar “medidas políticas que desorganizaron el régimen, fracturaron a la sociedad y destruyeron al propio partido”[20], aunque era el mismo partido que pudo haber detenido el terror. El partido era el único terrateniente, industrial, gendarme, rector político, económico, social y religión.
Getty y Naumov dan una clara caracterización de la relación entre la Nomenklatura y Stalin. La primera debía preservar el régimen para no perder sus privilegios y para ello debían mostrarse autoritarios, comenzando así a explicar la capacidad de aplicar el terror. Al mismo tiempo el culto a Stalin no era otra cosa que estrechar filas tras una figura para ocultar sus privilegios, errores y conflictos.
Por su parte, Stalin “fue el creador, el producto y el símbolo de la nomenklatura”[21], y representante de esta clase burocrática escindida, que respaldó su figura en tanto Stalin la respaldaba. No obstante, Getty y Naumov destacan que esto no implica que en la Nomenklatura no existiesen verdaderos creyentes en el comunismo.

El proceso de centralización del poder de la URSS en Rusia fue determinante en cuanto el partido se fortalecía junto a su burocracia. Esto no quiere decir que en las regiones y países integrantes de la URSS no existiesen miembros de la Nomenklatura, pero “entraban a menudo en conflicto con otros elementos (de la Nomenklatura)” ya que “los intentos de la elite moscovita y de Stalin de centralizar los elementos de la vida política y social enemistó a los líderes de la capital con sus homólogos de las provincias, ansiosos de de proteger sus prebendas locales y redes de poder”[22], más allá de las intenciones del partido de dar una imagen de cohesión absoluta. En tal sentido actuaban Stalin y el Politburó que impulsaba junto a la Nomenklatura la centralización del poder en la elite, y si bien en ocasiones tejían alianzas con los jefes regionales, “Stalin y el Politburó formaban parte del estrato gobernante más amplio y casi siempre cerraron filas con dicho estrato y no con las bases del partido”[23].
Esta elite burocrática cuidaba meticulosamente, señalan Getty y Naumov, el discurso que bajaban a la sociedad soviética, manejando los aparatos de prensa y propaganda, no sólo para exaltar con eslóganes el socialismo como lo concebían sino para legitimar su posición y disparar contra los trotskistas y los kulaks.
Entre 1928 y 1941, los cambios sociales se aceleraron junto a una profunda crisis social. El crecimiento industrial y el nacimiento de empresas generó “un fenómeno de superposición de etapas (...) la fuerza de trabajo rural semiletrada debió ser arrancada hacia el mundo industrial (…) y familiarizada con una organización compleja que les era poco conocida”[24], esto es que los nuevos proletarios debían ser reeducados no sólo ante las máquinas sino cuestiones más profundas como la vida urbana, el uso del tiempo y el respeto a la autoridad.
Lewin señala que a partir de 1928 se producen tres oleadas de conflictos sociales. La primera es el proceso de shakhty, donde se enjuicia a cincuenta ingenieros por presunto sabotaje, como avanzada contra la intelligentzia burguesa impactando sobre el mundo industrial. Mientras se perseguía a los técnicos decayó la disciplina laboral.

La segunda guerra que marca Lewin “es una respuesta del régimen con una serie de medidas draconianas”[25]: despidos de obreros y privación de tarjetas de aprovisionamiento.

Por último, la tercera guerra fue contra los cuadros del partido, barridos con las purgas realizadas entre 1936-1938.
El caos general se había corporizado en 1932 cuando las políticas de colectivización e industrialización cambiaron la sociedad. La propiedad privada y el mercado habían sido abolidos para implementar un socialismo nuevo que se experimentaba en la práctica, y a la confusión popular se le sumaba la de los gestores, que tampoco sabían cómo debía funcionar. La elite burocrática se replegó pero “todo se desmoronó en 1937” cuando “después de una serie de conatos infructuosos de controlar a la elite de la nomenklatura y plegarla a su voluntad, Stalin se volvió contra ella, esta se volvió contra sí misma y ambos se confabularon para inventar la existencia de diversos enemigos en el interior del país”[26]. Las alianzas se reorganizaron en 1938 y la política era una guerra de todos contra todos. Se negó a la política en nombre de la fidelidad al partido.

Esta conformación de la cúpula y Stalin no responden a un orden y organización del terror como describe cierta narrativa atribuyendo todas las culpas a la fuerza coercitiva de Stalin.
En todo caso el temor no era sólo de las bases sino que se había apoderado de la misma elite y provocó su autodestrucción.
La revolución stalinista iniciada en 1929 causó pánico en la cúspide de la Nomenklatura que reaccionaron para no perder su rango y situación de privilegio. El terror arrojado hacia afuera también se volvió contra el partido durante las purgas y el que un día era miembro ejemplar al otro era ejecutado por antipartido. Así la elite y Stalin buscaron montar un Estado uniforme, y a pesar de los avances que lograron, “el carácter suspicaz de Stalin y el temor de la elite a perder posiciones se conjugaron, conduciéndolos a una asociación mutua natural en pro de la centralización”[27], por lo que se apoyaron y respaldaron ante el mundo exterior, que era el pueblo soviético, y frente a las bases del partido. La elite luchó por sobrevivir ante lo que creían la existencia de elementos capitalistas. Tras la muerte de Stalin en 1953, se renunció al terror y se fue formando una vida política más distendida entre grupos de la burocracia no pertenecientes a la cúspide de la elite.

En cuanto a lo social, vimos como ante la escasez, Stalin privilegió el racionamiento a las ciudades para garantizarse el apoyo del proletariado y el ejército aunque, esto llevara a la inanición a millones de campesinos. Durante la NEP, los obreros habían sido también los favoritos del régimen, señala Lewin: “Disfrutaban de acceso preferencial a las escuelas, a los altos cargos y al partido”[28]. A partir de estos años comienzaron a migrar gran cantidad de campesinos a las ciudades para incorporarse en las fábricas, profundizando la estratificación dentro de la clase obrera, que durante las requisas y crisis de alimento veían a estos campesinos como parte responsable.
El campesinado proletarizado era despreciado por la original clase obrera, pasaban a cumplir, junto a las mujeres, los trabajos de menor calificación y más pesados de la fábrica y no gozaban de protección sindical.
“Por sobre estos grupos, estaba la gran capa de obreros no especializados; más arriba los calificados y, más arriba aún los altamente calificados, llamados aristócratas o reyes por los obreros mismos”[29].

Durante el estalinismo, se generan dos fenómenos que influyeron en las relaciones dentro de la fábrica: “El cambio de 1) la estructura de autoridad, y 2) la pirámide social completa”[30].
El director de empresa era un hombre de determinado escalafón dentro del partido, y por su escaso entrenamiento técnico dependía de los ingenieros jefe y encargados para planificar el ritmo de producción en la planta, y este director se enfrentaba además con un triángulo que le ponía freno a su libertad de acción, completado por el sindicato y la célula del partido. Pero a partir de 1932 el director recibe mayor apoyo del partido y obtiene más libertades: el sindicato se repliega a la burocratización y puede sancionar, despedir y privar de las libretas de racionamiento a los obreros por indisciplina.
Los movimientos sociales que permiten el ascenso de Stalin se generan en gran parte gracias a los huecos producidos por las grandes purgas, junto con la guerra contra los burgueses, campañas a favor de poder de los señores de las empresas y el control de la mano de obra.

La clase obrera profundiza su fragmentación entre los viejos obreros y los nuevos llegados del campo. La mano de obra se rejuvenece y las jerarquías tanto en la fábrica como en los salarios: en los ’20 la brecha salarial era de 1 a 4, y para el ’30 era de 1 a 20. El trato diferencial se reimplanta en las relaciones sociales según el escalón y se manifiesta concientemente el nosotros-obreros y ellos-burocracia.

El crecimiento económico abre canales de ascenso social rápido: los praktiki son hombres sin especialización que aprenden sobre la marcha y van accediendo a cargos mayores en la fábrica, los capataces eran miembros del partido y esto ofrecía mejores posibilidades de ascenso laboral.

La jerarquía que poseía el poder político y económico de la URSS era una pirámide donde en la cúspide está la elite y sus amplios privilegios, “y una extendida base de millones de miembros ordinarios del partido a quienes se les garantiza una modesta participación en los beneficios del sistema, así como la expectativa de ascenso en la escala”[31].

El apoyo que tendría el estalinismo y la burocracia estaría basado en un pacto social implícito entre aquella conciencia del nosotros-ellos. Además de los privilegios a las Fuerzas Armadas, la clase social predilecta era el proletariado urbano que, más allá de protestas ante abusos de los directores de empresa, dejaría a la burocracia en tanto esta asegurara las conquistas sociales de la Revolución. Sobre esto ya daba cuenta Reiman durante la escasez, las cartillas de aprovisionamiento priorizarían a la ciudad y las FF.AA. dejando de lado al campesinado[32].

Hasta 1982, “el modelo de acumulación de la URSS presenta las mismas características que el implementado por Stalin desde el final de la NEP”[33], esto es, la planificación centralizada del Estado por parte de una burocracia.

El crecimiento de la producción soviética se fundamentó en su carácter extensivo por la apertura de más unidades de producción, no por elevar la productividad de las existentes.
A mediados de los ’60 hay signos de agotamiento y estancamiento del crecimiento económico, crisis de sobreinversión y sobreproducción, con una mano de obra escasamente calificada y, privilegiando la planificación centralizada hay una menor modernización tecnológica en comparación al Occidente capitalista, que ensanchará la brecha con el salto de la III Revolución Industrial.
En cuanto a la modernización de la producción, “la barrera más importante reside en las relaciones sociales que estructuran las operaciones internas de la empresa (…) resistentes al cambio”[34]. El director de empresa, luego de recibir la orden de producción y la asignación de recursos, debía negociar y persuadir a la fuerza de trabajo el ritmo para alcanzar la meta exigida, siendo primordial entonces la relación social entre el director y los trabajadores. Este supuesto poder de los trabajadores se tornaba en debilidad debido a la escasa posibilidad de resistencia colectiva organizada, pero el contrato de las bases que recibía ciertas concesiones, y la burocracia como elite, se reproducía en un paternalismo autoritario que fragmentaba a los trabajadores con premios y castigos discrecionales[35].

El derroche generaba alto descontento entre los trabajadores. La meta productiva como fin en sí mismo no tenía en cuenta el aspecto cualitativo de la producción, dado que era una orden impartida desde el centro y esto hubiese implicado una mayor democratización con los obreros incidiendo en la producción, pero la elite no podía avanzar en este relajamiento sino que se reafirmaba como autoridad.

Los ’70 trajeron cambios sociales, constituyéndose finalmente como sociedad industrial y la ciudad, en términos demográficos y laborales, sobrepasó al campo, con una nueva generación urbana con demandas de estilo europeo. En estos años la clase obrera se vuelve más homogénea y se reduce la movilidad social. Los niveles de vida se elevaron con Breznev y el aumento de las demandas de la clase obrera fue percibido como un peligro por la burocracia.

En este período, la clase obrera se dividía entre los obreros calificados y los semicalificados, que pretendían alcanzar los niveles superiores. Los obreros calificados tenían estabilidad social y para reafirmarse “persiguen los valores y condiciones de vida de los estratos más altos de los trabajadores, persiguen una serie de cambios para fortalecer su posición (…) y el principal interés de este bloque es la reforma económica y el slogan de socialismo de mercado encuentra muchos partidarios”[36], y la conciencia de la inutilidad de la producción genera descontento en ambas capas de trabajadores.

Así como las nuevas generaciones de trabajadores tenían mayor nivel educativo, en la elite burocrática se presenta un escenario similar ante el recambio generacional de cuadros partidarios, del que forma parte Gorbachov. Los jóvenes expresan su conciencia y descontento rehusándose a trabajar más tiempo, junto al estancamiento económico y casi nula movilidad social hacia fines de la era Breznev.

La elite que asciende con Breznev, luego con Gorbachov a la cabeza inicia reformas dentro del marco del socialismo a fines de revitalizarlo, desplegando medidas de mercado e iniciando la descentralización de la producción y fin de la economía de mando. Se buscó racionalizar la producción y la Perestroika no resolvió los problemas de inflación, baja tasa de crecimiento y escasez de bienes de consumo, ya que “no ha habido una reforma general (sino) el viejo mecanismo económico fue finalmente reajustado y parcialmente desmantelado (...) pero no reemplazado”[37]. Los bienes estratégicos seguían en manos del Estado pero ciertos precios se liberaron junto a una autonomía mayor de las empresas libradas muchas de ellas a su suerte, caotizando aún más el panorama. La Perestroika sería sentenciada con la liberalización total de los precios, restaurando los mecanismos de mercado ante la disolución de la URSS.

Gabriel Martin
Periodista,
Buenos Aires, mayo de 2007.

Citas:

Parte I

[1] Perry Anderson, El Estado Absolutista, trad. Por Santos Juliá (Siglo XXI, s/f), p. 195.
[2] Ibidem, p. 209.
[3] Claudio Sergio Ingerflom, “¿Olvidar el Estado para comprender a Rusia?”, Prehistoria 1 (1997), p.54.
[4] Vladimir I. Lenin, “La Reforma campesina y la Revolución Proletario-Campesina, Sotsial-Demockat 21-22 (1911), p. 111.
[5] Black, en Teodor Shanin, La clase incómoda. Sociología política del campesinado en una sociedad en desarrollo (Rusia 1910-1925) (Madrid, Alianza. 1083), p. 50.
[6] Vittorio Strada, La polémica entre bolcheviques y mencheviques sobre la revolución de 1905 en Historia del Marxismo, 5 vol., (Barcelona, Bruguera, 1981), p. 134.
[7] David Lane, Las raíces del comunismo ruso. Un estudio social e histórico de la socialdemocracia rusa (1898-1907),trad. Por Jorge Ferreiro, Siglo XXI, s/f, p. 34.
[8] Acta de la Reunión del Comité Central del POSRD. 16-29 de octubre de1917, en Vlardimir Lenin, Obras Escogidas Vol. II, Moscú, Ediciones Lenguas Extranjeras (1960), p. 483.
[9] Azqueta Oyarzun, Teoría económica de la acumulación socialista, (Blume, 1983), p. 55.
[10] A. Nove, Historia económica de la Unión Soviética (Madrid, Alianza, 1973), p. 147.
[11] José Stalin en A. Nove, op. cit. p. 154.

Parte II

[1] Alec Nove, La economía del socialismo factible, trad. por Fernando Valero (Siglo XXI, Madrid, 1987), p. 102.
[2] Ibidem, p.111.
[3] Fereng Fehér, Agnes Héller y György Márkus, Dictaduras y cuestiones sociales, trad. por Agustín Bárcena, (Fondo de Cultura Económica, México, 1986), p. 67.
[4] Ibidem, p. 68.
[5] Alec Nove, op. cit., p. 149.
[6] F. J. M. Feldbrudge, Gobierno y economía en la sombra en la Unión soviética, (Ficha de Cátedra), p. 2.
[7] Ibidem, p. 150-154.
[8] Lyne Viola, Los mejores hijos de la patria: los obreros en la vanguardia de la colectivización soviética, trad. por Elsa Pereyra, (Oxford University Press, New York & Oxford, 1987), p. 23.
[9] Ibidem, p. 24.
[10] Ibidem, p. 27.
[11] Ibidem, p. 29.
[12] Michal Reiman, El nacimiento del estalinismo, trad. por Gustau Muñoz (Editorial Crítica, Barcelona, 1982), p. 201.
[13] Ibidem, p. 190, 191.
[14] Ibidem, p. 192, 193.
[15] Ibidem, p. 195.
[16] Ibidem, p. 191-197.
[17] Ibidem, p. 195.
[18] Ibidem, p. 212.
[19] J. Arch Getty y Oleg V. Naumov, La lógica del terror: Stalin y la autodestrucción de los bolcheviques, 1932-1939, trad. por Santiago Jordán (Editorial Crítica, Barcelona, 2001), p. 31
[20] Ibidem, p. 29.
[21] Ibidem, p. 32.
[22] Ibidem, p. 33.
[23] Ibidem.
[24] Moshe Lewin, The making of the soviet system, trad. por Ezequiel Adamovsky (Ficha de cátedra), p. 1.
[25] Ibidem, p. 2.
[26] J. Arch Getty y Oleg V. Naumov, op. cit., p. 460.
[27] Ibidem, p. 459.
[28] Moshe Lewin, op. cit., p. 4.
[29] Ibidem, p. 5.
[30] Ibidem, p. 6.
[31] F. J. M. Feldbrudge, op. cit., p. 5.
[32] Michal Reiman, op. cit., 191-197.
[33] Danièle Leborgne, 1930-1980: 50 años de crecimiento extensivo en URSS, trad. por Bernardo Capdevielle (Ficha de cátedra), p. 1.
[34] Simon Clarke, Peter Fairbrother, Vadim Borisov y Petr Bizyukov, La privatización de empresas industriales en Rusia: cuatro estudios de caso, trad. por Elsa Pereyra (Ficha de cátedra), p. 1.
[35] Ibidem, p. 3.
[36] Boris Kagarlitsky, The dialectic of change, (Verso, Londres, 1990), p. 3.
[37] Ibidem, p. 8.

© (2007) Gabriel Martin
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