20.5.10

Catecismo Industrial, extractos

*
Las negrillas, sangrías, alguna numeración, paréntesis con puntos suspensivos, separación y supresión de algunos párrafos son nuestros para efectos de estudio. Y este comentario inicial también: nótese que Saint Simon se refería a que la clase de los industriales debería gobernar. Esta clase es una clase productiva de valores de uso, no es una burocracia política, por el contrario Saint Simon sostiene que la burocracia política no debe gobernar. La clase industrial no debe estar sometida a legistas, militares y rentistas. Saint Simon vive el paso del feudalismo al capitalismo pero a diferencia de Smith, ataca el liberalismo burgués proponiendo una dirección industrial productiva, una clase más capaz.

Tomado de:

Un industrial es un hombre que trabaja en producir o poner al alcance de los miembros de la sociedad uno o varios medios materiales de satisfacer sus necesidades o gustos físicos y forman 3 grupos cultivadores, fabricantes y negociantes.

Deberían ocupar el primer rango porque son lo más importante, porque subsiste por sí misma. Las otras clases deberían trabajar para ella, todo debe hacerse para la industria.

En la actual organización social ocupan el último lugar, se les da mayor importancia a ociosos y otras actividades de menor utilidad.

En este catecismo propone indicar a los industriales los medios para aumentar en un máximo su bienestar, los medios que deben conocer para acrecentar su importancia social.

Por una parte presentarles el cuadro de su verdadera situación social, muy inferior a lo que debe ser puesto que son los más capaces.

Y por otra parte trazarles la marcha a seguir para situarse en el primer rango, bajo el aspecto de la consideración y del poder.

Antes de la revolución había tres clases nobles, burgueses e industriales, de los cuales nobles e industriales les pagaban a los nobles, pos revolución los industriales pagan a nobles y burgueses.

Los medios violentos valen para derribar, para destruir, pero sólo para eso. Para edificar son necesarios los medios pacíficos, para establecer las constituciones sólidas.

Ellos son esencialmente pacíficos, no fueron los industriales quienes hicieron la revolución, sino los burgueses, es decir: los militares que no eran nobles, los legistas plebeyos, los rentistas que carecían de privilegios.

Los industriales saben que son los más capaces de dirigir como es debido los intereses económicos de la nación, pero no llevan hacia delante esta idea por temor a perturbar la tranquilidad momentáneamente.

Ellos sólo emplearán medios pacíficos de discusión, persuasión y demostración para hacer salir a nobles, militares, legistas, rentistas y funcionarios públicos de la administración y hacer salir de ellos la alta dirección de la riqueza pública.

En cuanto a fuerza física poseen la superioridad, por mayoría, ellos producen la riqueza, por lo tanto, poseen la fuerza económica. También poseen la superioridad en cuanto a inteligencia, poseen todas las características para pasar de gobernados a gobernantes.

4 partes o épocas:

1.Desde el establecimiento de los francos en las Galias hasta la primera Cruzada.
2.Desde la primera cruzada al reinado de Luis XI.
3.Desde el reinado de Luis XI hasta el reinado de Luis XIV, ambos comprendidos.
4.Desde el reinado de Luis XIV hasta el establecimiento del sistema de crédito.

Tras estos hechos está lo que acontece a la clase industrial.

1. Desde el establecimiento de los francos en Galias a la primera cruzada tuvo lugar una operación política importante, la formación de la nación francesa compuesta de francos (jefes militares de la nación y directores del trabajo industrial: casi todas las tierras les pertenecían, eran aristócratas) y galos.

2.Desde la primera cruzada al reinado de Luis XI, las cruzadas ocasionaron derroches muy considerables a los aristócratas, es decir, a los francos: sus ingresos resultaron insuficientes para satisfacerlos, así se vieron obligados a vender franquicias a los galos que pudieran pagarlas. Los galos que las compraron fueron los artesanos que habían tenido, más que los otros, ocasiones y medios para hacerse con un patrimonio.

También vendieron tierras a los galos y así las cruzadas determinaron la formación de la clase industrial en cuanto a clase distinta de la militar, compuesta por 3 estamentos:

◦Galos propietarios de tierras, cultivadores y no militares.

◦Artesanos que consiguieron la libertad y que se han reunido en las ciudades.

◦Negociantes que importaban a Francia los tejidos fabricados en Asia y que hacían circular por el país los objetos de fabricación francesa.



(3.) En el siglo XV la realeza había adquirido mucha fuerza en comparación a la época de la conquista de las Galias por los francos. Luis XI al subir al trono reconoció que la realeza era una institución política aún precaria, él concibió el proyecto de concentrar todo el poder soberano en la realeza, de anular la supremacía de los francos sobre los galos, de destruir el sistema feudal, de suprimir la institución de la nobleza y de constituirse en rey de los galos en lugar de ser jefe de los francos para triunfar en tal proyecto le era preciso combinar su autoridad con los intereses de una clase lo bastante fuerte para asegurarle el éxito: se alió a los industriales.

(...) Los industriales deseaban que el poder soberano estuviese concentrado en manos de la realeza, porque éste era el único medio de suprimir los obstáculos con los cuales se enfrentaba el comercio interior de Francia, aceptaron la alanza con la realeza y desde aquella época han estado ligados a ella. Luis XI fue el fundador de la alianza industriales-realeza contra la nobleza, entre el rey y los galos contra los descendientes de los francos en el Siglo XV.

Antes de la corporación de los industriales existían dos clases: la que mandaba y la que obedecía. Cambian el carácter los industriales: desde sus orígenes no buscaron el mando.

(4.) Antes del Siglo XVIII, los cultivadores, los fabricantes y los negociantes se integraban en corporaciones separadas. Fue a final del reinado de Luis XIV cuando los industriales de esas tres ramas grandes de la industria se aliaron financiera y políticamente, gracias a la creación de una nueva especie de industria, cuyos intereses particulares están en acuerdo con el resto de industriales. La nueva formación dio lugar al sistema de crédito.

La protección otorgada por Luis XIV a la fabricación y al comercio había sido causa de notable impulso en estas dos ramas de la industria pero al haber tantas operaciones y grandes debían efectuar sus pagos e ingresos en distintos lugares, entonces el trabajo para saldar las cuentas les ocupaba muchísimo tiempo. Así se forma la industria bancaria, ellos comienzan a encargarse de esas tareas, de los movimientos del dinero. Así crece la fuerza económica de los industriales, incluso mayor a la del gobierno.

Los industriales habían realizado grandes progresos en capacidad, importancia y potencia real, las clases no industriales habían retrocedido en todos los aspectos y sin embargo la realeza continuó eligiendo a los administradores de la riqueza pública entre los miembros de dichas clases.

En 1817 se produce un inconveniente económico por la mala administración de la riqueza pública. Es estas circunstancias, los banqueros propusieron al gobierno que tomase todo el dinero necesario pero como condición:

•Que abandonaran la bárbara conducta financiera, que renunciase para siempre a declararse en quiebra; que alopatía la conducta industrial, es decir, leal; que pagaría íntegramente a todos sus acreedores, fuese cual fuese el origen de la deuda.

•Que este asunto se trataría de banqueros a gobierno de voluntad a voluntad.

Esto fue aceptado, así nació el crédito público. Así caduca el la recapitulación de los progresos industriales desde el establecimiento de los francos en las Galias a nuestros días.

En el presente la economía sigue en manos de los francos, administran la riqueza pública y los descendientes de los francos han conservado la orientación que recibieron de sus antepasados,

de forma que la sociedad de hoy es una nación esencialmente industrial, cuyo gobierno es esencialmente feudal.

Primitivamente la totalidad del territorio había sido repartido por los francos. Por entonces, la potencia soberana estaba relacionada con la propiedad territorial. Cuando los descendientes de los francos se vieron embarcados en las cruzadas se vieron obligados a vender parte de las tierras y así, enajenaban una porción de su soberanía, los nuevos propietarios fuesen quienes fuesen se transformaban en nobles de poca monta. Este es el origen de la tercera sección de la clase intermedia.

Examinaremos su conducta desde el nacimiento a 1789.

Explica que quiere que la clase industrial gobierne, que las demás se subordinen a esta. La época actual es de transición.

El destino político de los industriales los llevará a constituir el primer rango social, los más importantes entre los industriales se encargarán de la riqueza pública, harán la ley y marcarán el rango de las demás clases, de acuerdo a los servicios que cada una haga a los industriales, así la tranquilidad estará asegurada, la prosperidad pública avanzará y la sociedad disfrutará de la felicidad individual y colectiva.

El criterio para fundar esto es:

1.La recapitulación del pasado de la sociedad nos ha probado que la clase industrial había adquirido importancia de forma continuada, mientras que las otras la habían perdido continuamente; de aquí que la industrial debe constituirse como la más importante de todas.

2.La sociedad deberá alcanzar la meta de que la clase más capaz gobierne.

3.Los trabajos más útiles deben ser los más considerados; por ello, tanto la moral divina como la humana llaman a la clase industrial para desempeñar el papel social principal.

4.Los legistas y militares deben estar bajo las órdenes de los hombres más capacitados para administrar, porque una sociedad ilustrada no necesita ser administrada, las concepciones directrices deben ser hechas por los hombres más capacitados en administración y entre los industriales están estos.



“Nosotros seremos quienes nos propondremos elevar a los industriales al primer grado de consideración y poder”.

Durante la Revolución el papel fue virgen, 45 años llevó meditar y preparar aquello.

Como resultado hemos llegado a la conclusión de que para pasar del régimen en el cual los industriales están sometidos a los militares, legistas y rentistas, al orden social que deben dirigir los industriales, era indispensable cumplir una condición: la clara concepción de los industriales y hacerles ver esto a los más importantes de ellos, es decir mostrarles cómo emplear todas las capacidades útiles al servicio de la industria y en interés de los productores; por último, hemos reconocido que la empresa de que la sociedad está necesitada no ofrecía más que una dificultad: la de concebir con claridad el sistema industrial; que la dificultad consistía en hallar el medio de acordar el sistema científico, el sistema de educación pública, de religión, de bellas artes, y el de las leyes con el sistema de los industriales; que consistía en hallar el medio para que los sabios, los teólogos, artistas, legistas, militares y los rentistas más capacitados

colaborasen en el establecimiento del sistema social más ventajoso para la producción y el más satisfactorio para los productores.

(...) “Se expresa con facilidad lo concebido con claridad”: luego de 45 años considera que se pueden exponer con claridad las ideas.

Desde el siglo XV el sistema feudal se ha ido desorganizando; el sistema industrial se ha organizado sucesivamente desde el mismo momento. Una buena conducta por parte de los jefes de los industriales bastará para establecer el sistema industrial y para hacer que la sociedad abandone el edificio feudal habitado por nuestros antepasados.

Una vez organizados los parisinos, será más fácil la organización francesa y europea, en partidos políticos los industriales deben organizarse así se anulará al sistema feudal. El gobierno no podrá oponerse porque son pacíficos y no deben confundirse con liberales, la opinión pública es la reina del mundo y ellos son mayoría.

Resumen: es evidente que el régimen industrial es aquel que puede procurar a los hombres la mayor suma de libertad general e individual, asegurando a la sociedad tranquilidad. Tampoco puede pasarse rutinariamente del régimen feudal al industrial pues son radicalmente distintos incluso opuestos. El primero establece la mayor desigualdad posible, separándolos en dos clases, gobernantes y gobernados, haciendo hereditario el derecho de gobernar y transmitiendo de padres a hijos la obligación de obedecer.

El sistema industrial está fundado sobre la igualdad perfecta; se opone al establecimiento de todo derecho de nacimiento y privilegios.

La moral humana y divina llama a poner esto en práctica. El cambio no es en relación a la realeza sino que tiende a otorgar al rey más tranquilidad y felicidad positiva, el rey será el primer industrial de su reino.

(...)
*

26.4.10

Finalidad Socialista

*
VIGENCIA DEL SOCIALISMO COMO FINALIDAD

Evaristo Hernández
Diciembre, 2001

Conforme lo pronostica la doctrina marxista,

sigue vigente la lucha por alcanzar una sociedad en donde exista un principio de organización social, basado en que “a cada quien según su trabajo, a cada cual según su capacidad”,

que es el contenido de la sociedad socialista.

Se trata de una sociedad con las siguientes características esenciales y actuales:

a) propiedad social sobre los medios de producción fundamentales o estratégicos

b) erradicación de los efectos nocivos de la propiedad privada oligárquica sobre la sociedad

c) participación decisiva del Estado en la organización social, impulsando políticas de redistribución social del excedente económico

d) preponderancia de la economía planificada sobre la economía de mercado.

La sociedad socialista, es el primer paso que emerge de la sociedad capitalista con diversas variantes en cuanto a la supervivencia de economía de mercado capitalista, en el esfuerzo por la liberación de la explotación definitiva del trabajo humano.

Por ello, su fuerza política y social, radica en la organización de los trabajadores, especialmente de los obreros, pero también de todos los asalariados, acompañados de los pequeños propietarios del campo (los campesinos) y de la ciudad.

Dependiendo de las fases hacia la toma del poder, se establecen alianzas con otros sectores de medianos, pequeños y grandes empresarios no oligárquicos, tratando de aislar a la gran burguesía, a la oligarquía, y sus expresiones políticas.

Como toda constitución de un sistema económico, político y social, en su proceso histórico, el socialismo sufre avances y retrocesos.

El más profundo avance del socialismo ocurrió a principios del siglo XX, en 1917, con la Revolución Rusa, y la posterior constitución, por primera vez en la historia de la humanidad de un sistema socialista, que llegó a competir con el sistema capitalista a nivel mundial en lo tecnológico, social, cultural, económico, científico.

El más profundo retroceso, temporal en términos históricos, del socialismo ocurrió a finales del siglo XX, en 1989, con la disolución del socialismo como sistema mundial, y la implantación de economías de mercado o capitalistas en países que eran socialistas.

En la actualidad, conservan el sistema socialista, Cuba, Corea del Norte, Vietnam y la República Popular China.

En la doctrina socialista la finalidad es vital. De la finalidad de construir una sociedad con justicia social, sin explotación del hombre por el hombre, emanan los principios y el idealismo moral de los luchadores revolucionarios.

Las fallas históricas que condujeron a la disolución del socialismo como bloque mundial a finales del siglo XX, radican en los medios para constituirlo, contextuadas por la dura lucha contra el capitalismo a nivel mundial, que tuvo expresiones extremas con la segunda guerra mundial, originada por el capitalismo.

Las fallas del llamado socialismo real, aceptemos esta terminología temporalmente para diferenciar el socialismo caduco que se impulsó en la realidad de la URSS de la idea y los ideales vigentes en lucha por el socialismo, en términos ideológicos, radicaron en procesos extremos de estatización, erróneas políticas que desprotegieron y alteraron la equidad en la necesariamente diferenciada retribución del trabajo, burocracia y falta de democracia, contextuados, repetimos, en las profundas contradicciones antagónicas con el capitalismo mundial.

En la construcción del socialismo se ubican las fallas en los medios, no en la finalidad. La finalidad del socialismo, liberadora de la explotación del ser humano, dignificadora del trabajo, hace énfasis en la distribución social del excedente económico, si se quiere en la redistribución del ingreso social, por la vía del Estado.
*

11.4.10

Las Lógicas de Chávez

*
Recibido por "e mail". Lo reproducimos por la pertinencia y la importancia en el análisis de la construcción de la teoría del Socialismo en el Siglo XXI.

Las negrillas son nuestras para efectos de estudio.

Sábado, 10 de Abril de 2010 / 10:52 h

La construcción del Socialismo del Siglo XXI continúa

Gloria Silvia Orellana
Redacción Diario Co Latino

El petróleo y la tierra son elementos propulsores de golpes de Estado, explicó Vladimir Ruiz Tirado, en la presentación del libro “Las Lógicas de Chávez”, que contiene un esbozo del proceso político bolivariano. “Es un ideario de solidaridad, es un referente obligado para el debate”, agregó.

A ocho años del Golpe de Estado contra el Presidente Hugo Chávez Frías, el 11 de abril de 2002, y su posterior rescate y restitución por miembros del ejército el 13 abril del mismo año, dio marcha a la creación del “Socialismo del Siglo XXI”, que lleva nueve años de evolución.

Ruiz Tirado reiteró el pleno convencimiento del gobierno bolivariano de cumplir con políticas acertadas y sostenidas; el combate a la pobreza, así como reivindicar la participación del pueblo venezolano en su propio destino.

“El Presidente Hugo Chávez ha reivindicado un ideario y una propuesta de hermandad, frente a la propuesta neoliberal y esto marca un rumbo histórico en los pueblos; quiero aclarar que no estamos en contra de los estadounidenses, sino contra el imperialismo y su inclinación armamentista”, dijo.

La tierra, el petróleo o biodiversidad se ha constituido a lo largo de la historia latinoamericana en elementos precursores a Golpes de Estado, que lidera “el imperialismo norteamericano” con los poderes fácticos de cada nación, está práctica trunca iniciativas políticas propias y las condena a la marginación .

“Los que andamos en otros ámbitos, que exploramos otras medidas estamos desquiciados. Sencillamente esto no es así, recientemente hubo declaraciones de Arturo Valenzuela, Secretario Adjunto del Departamento de Estado de Estados Unidos, en Bogotá, Colombia, diciendo que no se explicaba por qué Venezuela está comprando armas a Rusia - bueno sencillamente porque ya no dependemos de Estados Unidos para comprar armas- “, afirmó.

“Hay nuevos conceptos y formatos para Golpes de Estado, ahora están aplicando la teoría de que las ciudadanías deslegitimen a sus gobiernos elegidos por vía pacífica y popularmente, este tipo de campaña persiste en Cuba”, señaló.

“Como lo dijo un filósofo esloveno Sicec, -él dijo- que apoya a (Presidente Hugo) Chávez porque ha movilizado al pueblo, ha utilizado el Estado como herramienta para lograr reivindicaciones que nunca se habían podido cumplir en el tiempo, todos estos programas de integración y novedades organizativas de Latinoamérica y El Caribe, toda está integración, no existiera si el Golpe de Estado del 11 de abril, se hubiera perpetrado”, adujo.

Entre los comentarios al libro estuvo el del Alcalde de Soyapango, Carlos Ruiz, quien señaló el fin educativo para aprender los elementos importantes de la participación ciudadana y la construcción de opciones democráticas pacíficas.

“Este libro no tiene un afán publicitario, sino de conocer el punto de quiebre histórico y la construcción de un nuevo pensamiento que no está escrito en su totalidad, sino que son procesos que tienen sus propios matices y características particulares”, puntualizó.

El documento editado en los talleres de impresión de la Universidad de El Salvador (UES), fue presentado en la casa cultural “Nuestra América”, que contó con la presencia de diversos miembros de ong y población en general.
*

11.3.10

Socialismo no es paternalismo

*
Las negrillas, supresión y separación de algunos párrafos y citas en bloque son nuestras para efectos de estudio.

Tomado de:

http://www.contrapunto.com.sv/index.php?option=com_content&view=article&id=2534:cuba-reformara-su-economia-el-qpaternalismoq-no-da-mas&catid=71:comercio&Itemid=70

Noticias de El Salvador - ContraPunto
Marzo 11 / 2010

Cuba reformará su economía, el "paternalismo" no da más...
Martes, 09 Marzo 2010

(...)

Cuba podría emprender reformas en varias áreas de la economía, a fin de desentramparla y ponerla a producir

LA HABANA - En un artículo publicado por la agencia Reuters, se da cuenta de que el gobierno cubano, presidido actualmente por Raúl Castro,

pretende reformar la economía nacional para evitar "tanto control del Estado" y "tanto paternalismo", algo que se viene esperando desde hace tiempo.

En el interior de Cuba existen debates sobre

cuál rumbo debe seguir el socialismo cubano en el terreno económico: el de China o algún modelo más liberal como el venezolano. Ambos serían dramáticos en Cuba, implica hacer desarrollar la empresa privada local.

El ministro de Economía de Cuba busca reducir la intervención del Estado en la economía del país, argumentando que el Gobierno ya no puede permitirse tanto control ni tanto paternalismo, dijeron fuentes del Partido Comunista y académicos citados por Reuters.

La campaña parece estar destinada

a vencer la resistencia a las reformas emprendidas por el presidente cubano Raúl Castro, quien impulsó algunos cambios en la agricultura

desde que reemplazó a su enfermo hermano Fidel en el 2008. Algunos opinan que Castro podría hacer cambios en otras áreas económicas.

El ministro cubano de Economía, Marino Murillo, dejó claro al intervenir ante miembros de la Fuerzas Armadas y del Ministerio del Interior el 16 de enero que

"el gigantesco paternalismo del Estado no puede continuar, porque no hay manera de mantenerlo",

dijo una fuente del Partido Comunista que accedió al vídeo de la reunión con los militares.

Por lo general, Cuba no difunde inmediatamente el contenido de algunas reuniones donde se tratan temas políticamente sensibles, pero vídeos relativos a estos temas son a veces publicados más tarde por funcionarios seleccionados.

Cuba enfrenta una crisis de liquidez que la obligó a recortar las importaciones en un 37 por ciento el año pasado, en medio de una economía con un alto grado de ineficiencia donde la productividad cayó en el último año.

Murillo dijo que su país no puede permitirse, por ejemplo,

pagar a decenas de miles de personas para que controlen las peluquerías, salones de bellezas u otros servicios de reparación, sugiriendo que deberán ser administrados por los propios trabajadores,

según dos fuentes que vieron el vídeo.

El ministro aludió a sectores que podrían resistirse a los cambios, que parecen estar ya en marcha.

"Me llamaron a una reunión el mes pasado

y nos dijeron que los locales serían arrendadas a los empleados muy pronto como parte de un experimento en el área",

dijo una empleada de una peluquería estatal en el centro de La Habana, que pidió no ser identificada.

Un proyecto piloto en La Habana comenzó a entregar los taxis de alquiler a algunos conductores, quienes deben abonar una tarifa diaria al Estado pero sin percibir salarios, dijo un chofer.

Universidades en varias provincias del país a petición de los Gobiernos provinciales han elaborado propuestas para transformar en cooperativas a los servicios locales y a la actividad productiva de menor importancia.

Profesores que asistieron a una presentación similar de Murillo en la Universidad de La Habana a principios de este año dijeron que el ministro dejó claro que las reformas son una necesidad económica, no un giro ideológico y que los cambios emprendidos en la agricultura son el modelo de lo que vendrá.

"(Murillo) se refirió a la descentralización de la agricultura y a las diversas formas de propiedad como las cooperativas y el arrendamiento de tierras, como un posible modelo para la producción local y los servicios", dijo un profesor, que no reveló su nombre por no estar autorizado a dar entrevistas.

Castro ha lamentado la ineficiencia de la economía estatal y llamado a la descentralización, a la iniciativa local y a nuevas formas de propiedad en sectores no estratégicos. También ha dicho que muchos de los subsidios estatales ya no son sostenibles,

un punto repetido por Murillo, dijeron las fuentes.

"Raúl Castro no se hace ilusiones acerca de cómo el paternalismo que abarcó todo en el pasado ha dejado en ruinas la economía cubana", dijo Brian Latell, ex analista de la estadounidense CIA, enfocado por décadas en Cuba.

"Su dilema está en la aplicación de las reformas de descentralización. No hacer nada, o hacerlo muy rápido, podría tener consecuencias desestabilizadoras", agregó Latell.

Castro ha designado a un número de militares para el Ministerio de Economía y Planificación, considerado como el cuartel general de operaciones para sus actividades económicas.

Murillo, un ex militar que fue nombrado en marzo pasado, lidera la cartera de Economía junto al viceministro primero, el General Idel Izquierdo, ex jefe del departamento económico de las Fuerzas Armadas cuando Raúl era ministro de Defensa.

Murillo rápidamente nombró como viceministro al Coronel Amando Pérez Betancourt, arquitecto de las reformas económicas dentro de las Fuerzas Armadas.

En ambos discursos, Murillo dijo que las soluciones propuestas a los problemas económicos de Cuba deben venir desde el nivel local y que difieren de un lugar a otro y de un sector a otro.
*

9.3.10

Socialismo del Siglo XXI, versión venezolana

*
http://www.monografias.com/trabajos43/el-socialismo/el-socialismo2.shtml

Este artículo es un resumen de una estudiante sobre el tema del Socialismo del Siglo XXI. Es un trabajo esencialmente descriptivo, su fuerza no radica en el análisis. Proporciona una puntualización de los elementos básicos del Socialismo del Siglo XXI, en la versión venezolana del mismo.

Las negrillas, citas en bloque, supresión y separación de algunos párrafos, puntos entre paréntesis, son nuestros para efectos de estudio.

El socialismo del siglo XXI
Enviado por ASTRID LEON

Resumen
Introducción
El socialismo del siglo XXI
Historia del Socialismo
Una ideología, un grupo de ideologías
Bibliografía


Resumen:

El propósito en general es construir una sociedad sin clases, razón por la cual en la actualidad la mayoría del socialismo se identifica con los postulados marxistas y comunistas. También se ha enfocado últimamente a las reformas sociales de las democracias modernas.

Para Hugo Chávez expresa lo siguiente "Hemos asumido el compromiso de dirigir la Revolución Bolivariana hacia el socialismo y contribuir a la senda del socialismo, un socialismo del siglo XXI que se basa en la solidaridad, en la fraternidad, en el amor, en la libertad y en la igualdad" en un discurso a mediados de 2006. Además, este socialismo no está predefinido. Más bien, dijo Chávez "debemos transformar el modo de capital y avanzar hacia un nuevo socialismo que se debe construir cada día".

INTRODUCCIÓN

El Socialismo del siglo XXI es un concepto del que se empieza a hablar a partir de enero de 2005, fue lanzado por el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, en el V Foro Social Mundial, en el marco de la revolución bolivariana, en su definición ha señalado que para llegar a éste habrá una etapa de transición que denomina como Democracia Revolucionaria.

Hugo Chávez expresó "Hemos asumido el compromiso de dirigir la Revolución Bolivariana hacia el socialismo y contribuir a la senda del socialismo, un socialismo del siglo XXI que se basa en la solidaridad, en la fraternidad, en el amor, en la libertad y en la igualdad" en un discurso a mediados de 2006. Además, este socialismo no está predefinido. Más bien, dijo Chávez "debemos transformar el modo de capital y avanzar hacia un nuevo socialismo que se debe construir cada día". A su juicio por las condiciones presentes en el actual mundo globalizado, esta transición será bastante prolongada. Dentro de este concepto sería definitivamente el socialismo el camino a seguir, contrario al neoliberalismo.

En el aspecto de ideológico y en cuanto al objetivo de la vida social, se ha llegado a determinar a qué tipo de socialismo se apunta, se ha aclarado relativamante cuando Hugo Chávez respondió a la jerarquía eclesiástica venezolana «Les recomiendo a los obispos que lean a Marx, a Lenin, que vayan a buscar la Biblia para que vean el Socialismo en sus líneas, en el viejo y nuevo testamento, en el sermón de la montaña.», durante el acto de juramentación de su nuevo gabinete ministerial, el 8 de enero de 2007.

En el mismo acto, Chávez indicó ser trotskista. Por esto se podría inferir que el Socialismo del siglo XXI posee elementos de ideologías tan diversas como el Marxismo-Leninismo, el trotskismo y el socialismo cristiano, aunque preservando prácticas del neoliberalismo tal como lo ha demostrado el proceso de concesiones de las empresas estatales a transnacionales privadas.

¿Qué es el socialismo?

El socialismo es una ideología política que designa aquellas teorías y acciones políticas que defienden un sistema económico y político, basado en la propiedad y administración de los sistemas de producción y en el control social (parcial o completo) de los sectores económicos y políticos. Sin embargo, en la práctica el significado de facto del socialismo ha ido cambiando con el transcurso del tiempo.

Aunque es un término político bastante cargado, permanece fuertemente vinculado con el establecimiento de una clase trabajadora organizada, creada ya sea mediante revolución o evolución social, con el propósito de construir una sociedad sin clases, razón por la cual en la actualidad la mayoría del socialismo se identifica con los postulados marxistas y comunistas.

También se ha enfocado últimamente a las reformas sociales de las democracias modernas. El concepto y término socialista se refieren a un grupo de ideologías, un sistema económico o un Estado que existe o existió.

Historia del Socialismo

El estudio del socialismo propiamente dicho suele iniciarse a partir de la Revolución Francesa en 1789, que supuso el derrocamiento de la clase feudal francesa y la ascensión al poder de la burguesía, y el período premarxista en la historia del socialismo, corresponde a los cien años aproximadamente (de mediados del siglo XVIII a mediados del siglo XIX) en los que los principales países de Europa desarrollan el proceso de sustitución del feudalismo por el capitalismo como sistema económico, y en el que los estados feudales se unen para formar las modernas Naciones-Estado.

A raíz de la Revolución Francesa, aparece François Babeuf, el primer pensador socialista (aunque en su época esta palabra no se utilizaba todavía) que se pone a la cabeza de un movimiento llamado la Conspiración de los Iguales.

Por su parte Inglaterra fue la cuna del socialismo utópico y reformador en la primera mitad del siglo XIX. Existen dos causas importantes que dan al socialismo utópico inglés su carácter peculiar: la revolución industrial con su cortejo de miserias para el naciente Proletariado y el desarrollo de una nueva rama de la ciencia : la economía política. Recordemos entre los socialistas utópicos a Robert Owen (1771-1858), que fue el primero en considerar al proletariado como clase independiente con intereses comunes.

En Francia el utopismo tuvo un carácter más filosófico que en Inglaterra. Su primer representante fue el conde Henri de Saint-Simon (1760-1825). Propuso la Federación de Estados Europeos, como instrumento político para evitar las guerras y asegurar la paz mundial. Al mismo tiempo Carlos Fourier, (1772-1837), concibió los falansterios-comunidades humanas regidas por normas de libre acuerdo y economía socializada. De la inspiración de los principios fourieristas se constituyeron algunos falansterios. Otro utopista francés fue Étienne Cabet (1778-1856), que durante su destierro en Inglaterra, en el año 1842, escribió Viaje a Icaria.

Poco después aparece la teoría marxista que se refiere a la sociedad que debe sustituir al capitalismo, y en algunos casos desarrollarse en comunismo. El marxismo y comunismo son dos ramas muy específicas del socialismo. Las dos no representan al socialismo como un todo. Entre los marxistas hubo una división entre los socialistas democráticos y los revolucionarios. En la teoría moderna del socialismo democrático, se aspira a llegar a una sociedad democrática que sea la columna vertebral de un Estado de bienestar.

El socialismo libertario es una corriente del socialismo que busca que las personas decidan sobre sus vidas directamente, y en el caso del anarquismo propugna la abolición del Estado y de toda autoridad. Es la corriente con un trasfondo de respeto y valoración al sujeto o individuo, y que considera a la libertad como el camino y el objetivo del socialismo y que propone la horizontalidad en las relaciones humanas, la autonomía local junto con la autoorganización de los movimientos sociales frente a las instituciones del Estado y a las multinacionales y monopolios propios del capitalismo.La meta del socialismo libertario es construir una sociedad basada en las libertades civiles, la equidad social, la iniciativa individual, la cooperación voluntaria, eliminando las clases sociales estratificadas, promoviendo estructuras políticas y económicas autogestionarias, descentralizadas o distribuídas.

Una ideología, un grupo de ideologías

Existen algunas grandes diferencias entre los grupos socialistas, aunque casi todos están de acuerdo de que están unidos por una historia en común que tiene sus raíces en el siglo XIX y el siglo XX, entre las luchas de los trabajadores industriales y agricultores, operando de acuerdo a los principios de solidaridad y vocación a una sociedad igualitaria, con una economía que pueda, desde sus puntos de vista, servir a la amplia población en vez de a unos cuantos.

De acuerdo con los autores marxistas (más notablemente Friedrich Engels), los modelos y las ideas socialistas serían rastreables los principios de la historia social humana, siendo una característica de la naturaleza humana y los modelos sociales humanos.

En el marxismo-leninismo el socialismo es considerado como la fase previa al comunismo, por ello los procesos revolucionarios vividos por la URSS, Cuba y China se relacionan con esta doctrina, ya que, en el caso de la URSS nunca se logró alcanzar el comunismo, y en el caso de Cuba todavía se lucha para alcanzar ese objetivo.

Presidente Chávez define Socialismo del siglo XXI

El Presidente Chávez formuló su pensamiento sobre el Socialismo del Siglo XXI.
Confiesa que para él sólo el Socialismo puede traer justicia social.

El primer elemento que dibuja sobre el Socialismo del siglo XXI es su estrecha relación con la practica política que comenzó allá por los años 80 con el diseño de lo que llamaron el 'árbol de las tres raíces', que es la fuente ideológica.

Consiste en la raíz bolivariana (su planteamiento de igualdad y libertad, y su visión geopolítica de integración de América Latina); la raíz zamorana (por Ezequiel Zamora, el general del pueblo soberano y de la unidad cívico-militar) y la raíz robinsoniana (por Simón Rodríguez, el maestro de Bolívar, el Robinson, el sabio de la educación popular, la libertad y la igualdad).

Este 'árbol de las tres raíces' da sustancia ideológica al movimiento revolucionario y al Socialismo del siglo XXI.

En esta larga experiencia la conciencia y el pensamiento del Presidente Chávez ha recibido también la influencia del Marxismo Referencia ineludible del socialismo moderno. Señala que el de ahora debe ser un Socialismo nuevo. El 'Socialismo del siglo XXI', sobre el cual esboza ideas precisas.

Una es afirmar que

el primer socialista de nuestra era fue Cristo.

El Socialismo debe nutrirse de las corrientes más auténticas del cristianismo.

Haremos el Socialismo desde nuestras propias raíces, desde nuestros aborígenes y cita experiencias como:

1) las comunas en Paraguay y Brasil;

2) el socialismo utópico que representó Simón Rodríguez;

3) el planteamiento de Bolívar de libertad e igualdad;

4) los planteamientos de Artigas, el gran uruguayo, de que hay que invertir el orden de la justicia, eliminando los privilegios.

Entre los elementos que pudieran

definir el Socialismo del siglo XXI, dice el Presidente Chávez, están los siguientes:

a) La moral.

El primer rasgo es el moral. Debemos recuperar el sentido ético de la vida. Luchar contra los demonios que sembró el capitalismo: individualismo, egoísmo, odio, privilegios. Es un arma en la lucha contra la corrupción, un mal que es propio del capitalismo. El socialismo debe defender la ética, la generosidad.

b) La democracia participativa.

En el aspecto político uno de los factores determinantes del Socialismo del siglo XXI debe ser la democracia participativa y protagónica. El poder popular. Hay que centrar todo en el pueblo, el partido debe estar subordinado al pueblo.

c) Igualdad conjugada con la libertad.

En lo social, el Socialismo debe conjugar igualdad con libertad. Una sociedad de incluidos, de iguales, sin privilegios.

d) Cooperativismo y asociativismo.

En lo económico: un cambio del sistema de funcionamiento metabólico del capital. En Venezuela se han iniciado experimentos como el impulso al cooperativismo, al asociativismo, a la propiedad colectiva, a la banca popular y núcleos de desarrollo endógeno. Son válidas muchas experiencias como la autogestión y cogestión, la propiedad cooperativa y colectiva. Se esta poniendo en marcha un ensayo de empresas de producción social y unidades de producción comunitaria.

El Socialismo del Siglo XXI ofrece como su mejor resultado hasta el momento, un impresionante experimento de PODER POPULAR en el que participan millones de personas, como no lo habían hecho antes en la historia de la nación, contagiando el resto de los pueblos suramericanos que han vuelto su mirada al modelo socialista ante el estrepitoso fracaso del neoliberalismo.

A las anteriores reflexiones el Presidente

agrega la siguiente: estamos en una transición. Una transición que llama 'Democracia Revolucionaria'.

Ha retomado ese término para caracterizar el tipo de democracia que empuja como una caballería, que abre puertas y se impregna de pueblo. Es una fase de transición hacia el socialismo.

El Presidente propone redactar con estas ideas el Manifiesto del Socialismo del Siglo XXI.

Con otros camaradas hemos tomado la determinación de avanzar en esa dirección. Para tal efecto

ha sido creado el Instituto del Pensamiento del Socialismo del Siglo XXI,

donde se profundizaran todos estos elementos y se difundirán entre las organizaciones populares, para elevar así su nivel de conciencia y acción revolucionaria.

(...)

Cinco motores constituyentes para construir el socialismo, propuso Chávez al tomar posesión:

Primer Motor: Ley Habilitante. Vía directa al socialismo.

Segundo Motor: Reforma Constitucional. Estado de derecho socialista.

Tercer Motor: Moral y Luces. Educación con valores socialistas.

Cuarto Motor: La Nueva Geometría del poder. El reordenamiento socialista de la geopolítica de la Nación.

Quinto Motor: Explosión del Poder Comunal. Democracia protagónica, revolucionaria y socialista.


Con la intención de continuar el camino acertado del Poder Constituyente que despertó en 1999, el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías, propuso lo que denominó como los "cinco motores constituyentes" para avanzar hacia el socialismo del siglo XXI.

Durante su discurso, luego de ser investido para su segundo período presidencial, Chávez explicó que el primer eje contempla la propuesta de la "Ley Habilitante", que permitirá al Ejecutivo legislar sobre las materias necesarias para adelantar los cambios hacia el socialismo.

El presidente Chávez solicitó facultades para legislar en 10 áreas de carácter estratégico, entre las cuales destacan la economía, finanzas, actividad social, cultura, seguridad y defensa.

Según expertos, la Ley Habilitante tendrá una vigencia de 18 meses a partir de su publicación en la Gaceta Oficial y concede al estadista las facultades para aprobar decretos y normativas con rango y fuerza de ley.

El vicepresidente del país, Jorge Rodríguez, adelantó que en un plazo de tres meses estarán redactados y modificados todos los instrumentos legales del citado mecanismo. Rodríguez estimó que en el marco de la Habilitante se elaborarán entre 40 y 60 leyes, con vistas a impulsar la construcción del nuevo proyecto nacional de carácter socialista.

En el ámbito financiero, el propósito esta en profundizar y adecuar el sistema financiero público y privado a los principios constitucionales, apoyado en la modernización del marco regulatorio para los sectores monetario, banca, seguros, tributario e impositivo. Asimismo, en materia de economía se dictarán regulaciones que preserven la función social de la propiedad -en sus diversas formas y clases-, así como el fomento de la producción y desarrollo de la pequeña y mediana industria en el país.

Como segundo eje propuso la profunda "reforma de la Constitución Bolivariana" de Venezuela, la cual permitirá, entre otros aspectos, la modificación de artículos que en lo económico o en lo político pudieran dar lugar a equívocos debido a su redacción. A juicio de Chávez, la ley de leyes revolucionarias dependerá, de alguna manera y en algún grado, de esa reforma constitucional.

El tercer motor de la revolución es la jornada nacional denominada "Moral y Luces", que comprende una campaña de educación moral, económica, política y social que va más allá de las escuelas, pues estará presente en los talleres, en los campos, en los núcleos endógenos y demás entes populares.

Chávez denominó el cuarto motor como "la geometría del poder", integrado por la nueva manera de distribuir los poderes político, económico, social y militar sobre el espacio nacional, ya que propuso revisar la distribución político-territorial del país y generar la construcción de sistemas de ciudades y de territorios federales.

Esta propuesta representa una innovación en la búsqueda de una forma que se adapte mucho más a nuestra realidad y a nuestras aspiraciones', aseguró el Presidente, quien pidió a los gobernadores y alcaldes analizar estos sistemas de ciudades y territorios federales que propiciarían el desarrollo integral de las comunidades.

"La explosión revolucionaria del poder comunal" es el quinto motor constituyente, el cual, según el Mandatario Nacional, tiene mayor fuerza y dependerá del éxito de los anteriores ejes revolucionarios de esta nueva era de la administración pública.

Chávez instó a la Asamblea Nacional, a la Defensoría del Pueblo y a los demás poderes a hacer un esfuerzo sostenido y unitario para consolidar estos cinco motores.

"Entramos de lleno al tiempo de construcción del proyecto nacional Simón Bolívar, que requería un fundamento sólido, lo que hemos hecho hasta ahora es echar un piso sobre el cual construiremos el edificio, es el proyecto socialista bolivariano", acotó.

BIBLIOGRAFÍA

Revista Zeta No 1595. Del 26 de Enero al 2 de Febrero de 2007. Venezuela

http://es.wikipedia.org/wiki/Socialismo

http://es.wikipedia.org/wiki/Socialismo_del_siglo_XXI

http://www.aporrea.org/ideologia/a17224.html

http://www.nodo50.org/carlosmarx/spip/article.php3?id_article=51

http://www.aporrea.org/ideologia/n88965.html

http://www.vive.gob.ve/inf_art.php?id_not=3342&id_s=6&id_ss=1&p=4

Astrid Adriana Leon Field

Estudiante de 2do Año de derecho de la Universidad José María Vargas. Venezuela

astridadriana18[arroba]hotmail.com

2.3.10

Marxismo, hic et nunc

*
Un conjunto de ideas que nuestro alumno alberto Quiñonez(además de estudioso, con vocación de escritor y en proceso de formación como tal) expone sobre la validez del marxismo. Las negrillas, citas en bloque y separación de algunos párrafos son nuestros para efectos de estudio. Un comentario adicional que nosotros haríamos es que el capitalismo actual, ha acentuado dos cosas a nivel mundial y por tanto global: la población estancada, el denominado por Marx, ejército industrial de reserva y un sedimento del mismo, el lumpen proletariado, cuya cultura desclasada y deshumanizada ha penetrado el todo social, lumpenizando a toda la sociedad capitalista, incluyendo, desde luego a la burguesía. El capitalismo mundial también sigue revolucionando las fuerzas productivas, a la manera capitalista, es decir, mercantil extractora de plusvalía, y por tanto intensificando la explotación, por medio de la robotización del proceso de trabajo, acentuando las crisis de sobre producción y los conflictos sociales, incluidos los militares. No se puede ni siquiera suponer que el capitalismo ha mejorado en cierto modo las condiciones de vida de las masas, las ha empeorado, en términos absolutos y relativos si tomamos en cuenta la población total, nacional y mundialmente.

Marxismo, hic et nunc

Alberto Quiñónez, febrero 2010

Existe entre nosotros –en nuestra ciencia, en nuestro medio- una doble representación de la teoría y del análisis marxistas. Esa doble imagen, vuelta casi reminiscencia, exige una síntesis que sea al mismo tiempo superación y retorno.

La cuestión no es sencilla si se considera que una de esas imágenes corresponde a la fetichización del marxismo, es decir, al

sobreposicionamiento del componente ideológico sobre el científico;

condición que ha corroído al grueso de los movimientos de izquierda.

Esas dos representaciones del marxismo parten de verlo como ciertamente necesario o como necesariamente cierto.

La primera tiene a la base haber comprendido el marxismo en su aspecto teórico desde una visión revolucionaria y, por tanto, crítica. Significa re-poner en primer plano la dialéctica como motor analítico. Y tener en cuenta la dimensión histórica de la lucha de clases, de la relación entre base y superestructura, del papel que juega el Estado, etc. en los distintos momentos del desenvolvimiento del sistema capitalista.

La segunda posibilidad es el aspecto más desdoblado en el medio salvadoreño (y latinoamericano), y consiste en aceptar ciegamente el marxismo sin haber llegado a comprenderlo, con lo que se llega al dogma. Y los dogmas no se cuestionan. Porque son.

Para superar esta dicotomía no basta con fomentar uno de los aspectos –digamos, el primero- disociado del segundo, porque el carácter dialéctico haría que la polarización lejos de mermar, aumentase. De ahí que la superación empiece por una síntesis válida.

Esa síntesis tendría como principio el regreso a Marx con un espíritu crítico, bajo el presupuesto ideológico de que debe partirse de Marx y no, digamos, de los autores clásicos (en economía, filosofía, política). Pero ese presupuesto ideológico deberá servir como pivote para el arranque, como hipótesis que será contrastada.

Como retorno al marxismo entiendo lo necesario que se vuelve tener en cuenta el carácter dialéctico e histórico de los fenómenos, sin que esto signifique una vuelta al relativismo.

Pero, ¿es necesaria una teoría marxista, hic et nunc, en el ámbito de la ciencia económica? Lo es.

Primero, como contrapeso teórico. Segundo, como propensión hacia una praxis económica distinta. Finalmente, como sustento de un proyecto humano alternativo.

Si bien es cierto que la teoría neoclásica ha constituido un gran motor de análisis económico, esto no significa que sus conclusiones y sus métodos sean los más afortunados. Ni siquiera quiere decir que sean verdades incuestionables. Mucho menos, que no puedan –y deban- ser sustituidos.

No obstante, se ha erigido en torno a esto una idea de invulnerabilidad bajo la cual se enseña, se investiga y se difunde el conocimiento de la economía y de la sociedad. Esa invulnerabilidad entra en cuestión al momento de aplicar la teoría a la realidad, que es mucho más compleja de lo que la economía neoclásica supone. Como en cualquier período de crisis, ese cuestionamiento es hoy aún más taxativo.
Si bien es cierto que después de la obra originaria –digamos Marx, Engels y Lenin-, los aportes científicos fueron menguando bajo el peso de la cuestión ideológica y de la coyuntura política, esto no quiere decir que los primeros hayan desaparecido por completo, ni que se hayan extinguido las posibilidades de su desarrollo. De hecho, como señala Gorz, la necesidad de una defensa a toda costa de los principios ideológicos, llevó a que dicha esfera fuera preponderante por sobre la necesidad de un desarrollo científico, opacando a éste último pero no eliminándolo.

Los aportes de autores como Poulantzas, Miliband, Gorz, Gramsci, Konstantinov, etc., sólo abarcaron el ámbito de lo filosófico, lo sociológico, lo político y/o metodológico, quedando casi al margen el desarrollo científico en el área específicamente económica. Excepción a dicha tendencia lo constituyen las obras de Baran, Sweezy, Shaikh y algunos otros autores. Son, sin embargo, aportes que difícilmente son conocidos en nuestro país.

La caída del muro de Berlín, que constituyó un símbolo de la economía socialista, hizo emerger una conciencia de superación del socialismo, y del marxismo como su basamento teórico.

Sin embargo, como superación del método de análisis se entiende algo bien distorsionado: la economía contemporánea podrá explicar la relación entre variables económicas, pero lo hace en su forma más fetichizada, en su sola expresión de magnitudes. Por ejemplo, se explica que hay una relación inversa entre tasa de interés y nivel de inversión, y que dicha tasa de interés depende de los movimientos de la oferta y la demanda de dinero. Luego al haber una reducción de la oferta de dinero, la tasa de interés aumentará y se reducirá la inversión. Ello es cierto, pero limitado. Y es limitado en tanto que se obvian las relaciones económicas prevalentes en una sociedad que dan a pie a los movimientos monetarios (y eso sólo en la medida en que hay condiciones productivas específicas a su base). Esta distorsión, por tanto, revela una superación sólo aparente.

Pero el segundo aspecto es incluso más absurdo. Se sostiene que el proyecto marxista –la sociedad socialista, como requisito de la comunista- es ya una cuestión superada , dado que el capitalismo ha creado las condiciones para la satisfacción plena de las necesidades, pero además porque, aunque lentamente, esas condiciones se van traduciendo en una satisfacción efectiva.

Esto sin embargo proviene de la asociación mecánica de desarrollo con elementos aislados como poder de compra, ingreso per capita, nivel de consumo, etc. Dicho de otro modo: se identifica el desarrollo económico y humano con la mejora en ciertas categorías mercantiles. Aun cuando eso fuera posible, lo cierto es que la mejora en la distribución del producto no ha mejorado sustancialmente, y que la explotación de la fuerza de trabajo sigue en pie.

Pero además, aunque se cumpliera, sigue siendo cuestionable la forma, el carácter y los mecanismos en que se basa esa “mejora”, ese “desarrollo”. En primer lugar, la expansión de las posibilidades de consumo se ha dado a través de la destrucción extensiva del medio ambiente y de sus funciones, tanto al utilizarlo como fuente de materias primas y recursos, como al usarlo como lugar de depósito de los residuos generados en los procesos de producción y consumo.

En segundo lugar, dicha “mejora” nada nos dice de la realización de los individuos como personas. Aun cuando esa mejora fuera efectiva en términos materiales, ello no salva el problema de la enajenación individual y colectiva, no abona a la necesidad de la realización del hombre como hombre. Del ser como ser. Por el contrario, la sustituye como una realización a través de la propiedad, del ser por el tener.
¿Eso no es caer en el terreno de la ética, de las consideraciones morales? Por supuesto. Pero toda actividad humana debería llevarse hasta ahí. La praxis económica sólo puede ser separada de la praxis humana como componente analítico, pero nada más.

En nuestro medio es poco –casi nulo- el análisis económico llevado a cabo desde un enfoque marxista.

Ello es producto de dos cosas: primero, la débil tradición de un pensamiento propiamente marxista –que debe ser diferenciado de un pensamiento simplemente de izquierda- en los ámbitos académico-científico y político. Pero también es resultado de lo que ya mencionaba más arriba, a saber: la falsa conciencia de que ha sido superado el método analítico y el proyecto histórico del marxismo en la esfera de la economía.

Para que el marxismo retome su puntal dentro de la teoría económica hay que tener claros los objetivos que persigue la ciencia económica –como expresión de la necesidad de reproducción de la existencia material del ser humano- y, con ello, darse cuenta que los fines de la teoría marxista son ciertamente necesarios. Y esto a la vez que ciertas conclusiones, ciertos métodos y ciertos análisis pierdan su carácter cristalizado, su dimensión de dogma, su consideración como necesariamente ciertos.
*

3.2.10

Historia del Pensamiento Socialista

*
Las negillas, comentario inicial, citas en bloque, separación de algunos párrafos son nuestros para efectos de estudio.

Este artículo es interesante por varios motivos: en primer lugar, es un resumen aceptable de un libro clásico, podría decirse, en la literatura socialista, Historia del Pensamiento Socialista de Cole. En segungo lugar, se trata de una concepción religiosa del Socialismo y con base a diferentes explicaciones de diferentes Papas, sostiene que el Socialismo tiene una base atea, materialista, antropocentrista e instrascendente desde el punto de vista espiritual. En tecer lugar en el artículo se nota el esfuerzo por fundamentar las afirmaciones y existe una relativamente cuidadosa forma de citar.

Hemos encontrado que la página web que respalda la recensión del libro de Cole, es de una agrupación de personas que ha dejado el Opus Dei, y que la titulan "Gracias a Dios ¡nos fuimos!".

Considero que el Socialismo no rechaza la espiritualidad, incluso, desde su fundación, Saint Simon, por ejemplo, consideró tan esencial las ideas de Cristo en la nueva sociedad, que su obra principal lleva por título "El Nuevo Cristianismo". En Marx y Engels, la base de lo espiritual esta en lo material, en términos de que el ser humano necesita primero, por ejemplo, comer materialmente para luego comer espiritualmente.

Tomado de:

http://www.opuslibros.org/Index_libros/Recensiones_1/cole_his.htm

COLE, George D.H.

Historia del pensamiento socialista
Fondo de Cultura Económica, 5 vols. México, 1957, 1960, 1961.
(Título original: A History of Socialist Thought.)

BREVE VISIÓN DEL CONTENIDO DE LA OBRA

Se trata de un estudio completo del pensamiento económico y socio-económico de los distintos movimientos socialistas en el período 1789-1939.

El autor, economista —y socialista—, no pretende analizar ni todos ni los más fundamentales aspectos del pensamiento socialista. Trata de los movimientos y de las personas desde un punto de vista de teoría económica y socio-económica; las referencias a aspectos filosóficos y éticos, cuando se dan, son breves y resumidas.

En la exposición de los resultados de las investigaciones llevadas a cabo por Cole, por regla general se evita toda valoración de personas o movimientos; la obra pretende ofrecer una exposición «objetiva» de la historia de la doctrina económica y social en el Socialismo. Manifiesta dominio de la materia, y consigue presentar una relación bastante completa de estos aspectos del pensamiento socialista.

En el volumen I, que lleva por título «Los Precursores», se estudian los orígenes del socialismo. En la introducción se señala que el socialismo no es fácil de definir y que muchos pensadores, que no son propiamente socialistas (como Bruno Bauer y otros), también serán tratados por la influencia que han supuesto en los iniciadores de este movimiento.

Así, en la primera parte se estudian los autores que Marx denominó «socialistas utópicos». Comenzando desde la Revolución francesa y la conspiración de

Gracchus Babeuf, Cole estudia a Godwin, Paine y Charles Hall; Saint-Simon y sus seguidores, el comunismo utópico de Fourier y el fourierismo, Cabet, Sismondi y Owen.

Después da una rápida visión del

socialismo francés de L. Blanc, Flora Tristan, Lamennais y Proudhon,

para pasar al estudio del

socialismo alemán: Bauer, Hess y Grun, auto-definidos como los «verdaderos socialistas». El volumen se concluye con el estudio de las teorías de Marx y Engels hasta 1850,

dedicando especial relieve al Manifiesto del Partido Comunista.

En el II volumen, Cole trata de las luchas entre anarquismo y marxismo en los años 1850-1890. Afirma que «en realidad no hubo en la primera mitad del siglo XIX ningún movimiento socialista con cierta unidad y claridad de miras.

Un movimiento de este tipo sólo se dio después de 1848, y fundamentalmente después de 1860 con la Asociación Internacional de Trabajadores y las luchas internas entre las tendencias rivales (...)

Estas luchas fueron las primeras señales del nacimiento del socialismo como fuerza internacional influyente en las clases obreras de todos los países desarrollados económicamente. El contraste entre marxistas y anarquistas —que en realidad fue un conflicto entre muchas tendencias rivales— ocupó una posición clave en el desarrollo del socialismo como movimiento; y, al mismo tiempo,

la lucha entre los seguidores de Lassalle y los de Eisenacher después de la destrucción del socialismo francés en la Comuna de París, pusieron a los marxistas en una posición de dominio en la creación de los nuevos movimientos socialistas de los años 1880»

(vol. II, p. V).

El punto de referencia de este volumen es, pues, la I Internacional.

Cole expone el desarrollo del socialismo desde el Manifiesto de Marx y Engels hasta la creación de esta organización, en los principales países europeos: Alemania —con Rodnertus y Marlo—, Bélgica —Collins, Kats y De Keyser— y los albores del socialismo en Rusia. En esta primera parte del volumen, el autor más estudiado es Lassalle.

A continuación expone los acontecimientos que siguieron a la fundación de la I Internacional, es decir las luchas de Marx y Engels contra los «revisionistas» de todo tipo: Bakunin y los anarquistas, y el «socialismo alemán» de Dühring. Cole expone con cierto detenimiento las obras Das Kapital, de Marx, y Anti-Dühring, de Engels, para terminar con

la decisión tomada por Marx de trasladar la sede de la I Internacional a New York.

Este hecho supuso la disolución de esta asociación y también el surgir del socialismo en Norteamérica, con personajes como Henry George y Daniel De Leon. Cole termina este segundo volumen exponiendo el socialismo británico de W. Morris y dando una visión de conjunto de la situación de estos movimientos en los primeros años de la década 1890-1900.

El tercer volumen lleva por título «La II Internacional, 1889-1914», y aparece dividido en dos partes. En la primera se narran las luchas y divisiones doctrinales en torno a la II Internacional:

la discusión sobre los medios para la implantación del socialismo;

las causas de la guerra; los sindicatos; la unidad internacional de los socialistas y el colonialismo. Cole estudia en primer lugar el socialismo inglés, antes y después de la creación del partido laborista; a continuación trata de

la gran controversia «revisionista» en Alemania, entre los que propugnaban una simple «reforma» de la sociedad capitalista, de tal modo que la implantación del socialismo debería seguir los cauces legales y políticos existentes, y los «ortodoxos» que afirmaban que el único medio válido para la implantación del socialismo era la revolución violenta.

El autor expone las teorías de Jaurés y Sorel que dominaron la escena socialista francesa hasta 1905, y concluye el estudio europeo del socialismo con la situación en Rusia hasta 1905, fecha de la primera Revolución marxista en Rusia. También se detiene en la exposición del marxismo de Rosa Luxembourg.

La segunda parte de este volumen es una descripción del desarrollo del socialismo en los restantes países de Europa, Asia, América y Oceanía.

El cuarto volumen lleva por título «El comunismo y la Social Democracia 1914-1931». El autor señala que no pretende decir que todos los socialistas pertenecieran a uno de estos dos movimientos, sino simplemente que éstos han sido los dos estandartes principales en la lucha por la creación de la sociedad socialista.

Como dice el título, Cole comienza por la Revolución rusa de 1917 y las luchas internas entre los revolucionarios, de las que saldría vencedor Lenin y el partido bolchevique. Terminada la guerra civil rusa (1917-1921), comenzaría la influencia de este país en el desarrollo del marxismo en el Este de Europa: la Revolución en el Imperio Austrohúngaro y los países de los Balcanes son los temas de que trata el autor en las últimas páginas de esta parte.

La segunda parte, usando el mismo esquema del volumen tercero, se dedica a estudiar la situación del socialismo en los países restantes durante el período 1914-1931, concluyendo con un capítulo dedicado al socialismo y los derechos de la mujer, y otro de carácter comparativo dedicado a las características de los desarrollos del comunismo y de la Social Democracia en este período.

En el quinto y último volumen vuelve a aparecer una vez más la rivalidad entre Comunismo y Social Democracia, aunque el tema central sea el desarrollo del Fascismo y la oposición adoptada por el Socialismo. El título de este volumen es «El Socialismo y el Fascismo, 1931-1939», y después de proporcionar una visión genérica del «Mundo en los años 1930», Cole trata del ocaso del socialismo en Alemania, Países Escandinavos, Bélgica, Holanda, Suiza y Austria, y la guerra civil de España. Concluye el estudio del socialismo europeo con una visión de su desarrollo en Gran Bretaña, Francia y Europa oriental, para pasar a continuación a América: Estados Unidos, Canadá y América Latina. El volumen concluye con el inicio del comunismo en China en los años 1930.

VALORACIÓN DE LA OBRA

1. Economismo reduccionista.

Un aspecto que puede resultar chocante al enfrentarse con esta obra de Cole es la aparente inadecuación entre el título y el contenido. Efectivamente, bajo el título de Historia del pensamiento socialista, sólo se exponen las teorías socio-económicas de los autores socialistas. No se trata de un error de interpretación por parte del autor, sino simplemente de la expresión de un hecho: la reducción operada por todos los sistemas socialistas del ser del hombre a economía, del hombre a homo oeconomicus. Por eso,

aunque Cole se declare no marxista y no socialdemócrata, en realidad tiene en común con ellos de algún modo esa concepción de la economía como «ciencia total», como única verdadera ciencia y, por tanto, fundamento para efectuar la crítica «científica» de la religión, de la filosofía, del Estado, etc.

Un activismo materialista tiende necesariamente a constituirse en colectivismo economista: hacer de la humanidad una masa indiferenciada que produce y consume. Se comprende que, según la concepción marxista —y con ligeras modificaciones se puede afirmar lo mismo de todo socialismo—, la economía sea la base que condiciona la existencia y el desarrollo de los demás valores, de tal modo que bastaría con cambiar las condiciones económicas en que se desarrolla la vida de una sociedad, para que cambie a la vez la misma naturaleza del hombre, y se pueda acabar con la religión, la familia, la propiedad privada, y todas las demás situaciones «alienantes» que impiden al hombre alcanzar su verdadera libertad.

De aquí la radical oposición al cristianismo que hay en todo sistema socialista: son dos concepciones completamente opuestas sobre Dios, el hombre y el mundo, y sobre las relaciones de los individuos entre sí.

Estas características (de oposición al cristianismo) quedan suficientemente de manifiesto con una simple visión de la historia del socialismo. De este modo se completa —y se puede entender mejor— la exposición que ha hecho Cole con el nombre de «Historia del pensamiento socialista»: se puede ver cómo y dónde nace ese pensamiento, y qué formas prácticas ha tomado en la vida social.

2. Breve historia de los movimientos socialistas.

Para conseguir una mayor sistematicidad, dividiremos este resumen en cuatro apartados: a) antecedentes históricos del socialismo; b) el socialismo francés; c) el socialismo alemán: Karl, Marx y Friedrich Engels; d) el socialismo después de Marx[1].

a) Antecedentes históricos del socialismo.

Un personaje oscuro, pero que causó un influjo indudable en los primeros movimientos socialistas, fue el sacerdote francés Jean Meslier (1692-1730 aproximadamente). Meslier no publicó nada durante su vida, pero a su muerte dejó un documento conocido con el nombre de Testamento en el que, después de una rabiosa afirmación de ateísmo, afirmaba que para acabar con las desgracias del hombre, había que terminar primero con la tiranía de la religión y de la monarquía, que son invenciones de las clases dominantes para continuar detentando su poder absoluto. En el Testamento, Meslier también afirmaba que el matrimonio, la familia, la propiedad privada y la división en clases tenían su origen en la explotación de los poderosos, y terminaba con un llamamiento a la unión de los oprimidos: «vuestra salvación está en vuestras manos, vuestra liberación sólo dependerá de vosotros si sabéis entenderos entre vosotros» (Testamento, tomo III, ed. Ch. Rudolf, Amsterdam, 1864, p. 381).

Voltaire conoció este documento y le pareció «demasiado revolucionario», atreviéndose sólo a publicar parte de él en 1762; el Barón d'Holbach también hizo recaer la atención sobre Meslier, publicando en 1771 una obra titulada El buen sentido del padre Meslier, pero la publicación íntegra de esta obra sólo tuvo lugar en 1864.

Un poco posterior a Meslier es el benedictino Dom Deschamps (1716-1774), que constituye ya en cierto modo un anuncio del socialismo dialéctico.

Deschamps sufrió el influjo de Rousseau, Helvetius y D'Alambert, y su sistema filosófico consiste en una afirmación declarada de ateísmo, que puede ser considerada como un claro antecedente del sistema hegeliano. También causó un cierto influjo en las teorías de Fourier.

El último autor que queremos considerar, entre los precursores del socialismo, es Babeuf, que ha sido objeto de un verdadero culto por parte de los socialistas, aunque en realidad su influencia ha sido pequeña. Babeuf se distingue fundamentalmente de los anteriores en que se propuso llevar a la práctica las ideas que preconizaba, y para esto creó una especie de partido —el babouvismo—, con el fin de luchar por poner término a la existencia de la propiedad privada.

b) Socialismo francés e inglés.

1) Bajo el nombre de «socialistas utópicos», Marx solía calificar a los iniciadores del socialismo, y más concretamente al Conde de Saint-Simon, a Charles Fourier, Robert Owen y Etienne Cabet.

Saint-Simon es un representante típico del racionalismo francés de finales del siglo XVIII. Profesaba un culto entusiasta a la ciencia, a la que veía como el futuro principio motor y rector de la vida moderna. Como buen cartesiano, pensaba que la ciencia debía proporcionar una moral nueva, y un conocimiento cierto de la realidad que desplazaría a los dogmas religiosos. Saint-Simon anuncia ya el colectivismo marxista, aunque con grandes diferencias respecto a Marx, pues postula un papel preponderante y exclusivo del productor que se convertiría en dueño de las empresas en que trabajaba.

Charles Fourier nació en Besançon en 1771. Era hijo de un modesto comerciante, y su juventud transcurrió en diversos empleos de los que sólo obtuvo el odio hacia el sistema económico vigente y una condena a muerte —no llevada a cabo— por sus actividades revolucionarias. Marx vio en las teorías de Fourier un «humanismo cumplido», porque el ateísmo era el punto de partida de esta filosofía.

Fourier proponía un comunismo «utópico» consistente en la creación de un nuevo tipo de comunidades (los falansterios) basados en la asociación voluntaria del capital. La nueva célula de la sociedad sería la falange

(Fourier tenía verdadero odio hacia la institución familiar,

basada en una combinación «científica» de las pasiones capaz de garantizar su desarrollo integral. Fourier hacía un especial hincapié en la libertad sexual que reinaría en los falansterios y prometía a los trabajadores unas condiciones de trabajo tales que éste se convertiría en un placer y no en una carga.

Fourier murió en París, en 1837, y entre sus obras principales hay que citar La Théorie des quatre mouvements et des destinées génerales (1808), y el Traité d'association domestique agricole.

Robert Owen (1771-1858) antes de preocuparse por los problemas sociales había montado una fábrica de algodón en Lanarck, de la que obtuvo abundantes beneficios. Presenta una especie de comunismo en el que —igual que sucede en Fourier— el ateísmo es el punto de partida. Para Owen, el hombre es un ser irresponsable, y el que su conducta sea buena o mala depende exclusivamente de las condiciones de vida en que se encuentre. Según su concepción, la conducta viene determinada por el tipo de educación que haya recibido el sujeto de tal modo que, para poder llegar al establecimiento de la «nueva sociedad», es necesario que el hombre reciba una educación igualitaria, sin sanciones y en la que sean abolidas las ideas de jerarquía, propiedad y disciplina sexual.

Con estas ideas, Owen fundó en Indiana la colonia de New Harmony que pronto degeneró en la anarquía y en la promiscuidad. Vuelto a Inglaterra repitió su intento, pero el resultado volvió a ser el mismo. Entre sus obras más destacadas están Outlines of the rational system y la New view of society, or essays on the formation of a human character.

Etienne Cabet (1788-1856) pronto se hizo conocido en Dijon, su pueblo natal, más que por la brillantez de sus estudios por sus ideas revolucionarias. En 1834 fue condenado a dos años de prisión y tuvo que huir a Londres. Allí maduró sus ideas, evolucionando hacia una especie de comunismo que expuso en su obra Voyage en Icarie, publicada en 1840. Ocho años más tarde fundó una colonia en Navoo (Illinois) llamada Icarie, basada en la comunidad de bienes y manteniendo el matrimonio y la obligatoriedad del trabajo.

2) En Francia se desarrolló más posteriormente otro tipo de socialismo, comúnmente denominado «socialismo democrático», que tuvo sus principales figuras en Pierre Leroux, Victor Considerant y, especialmente Proudhon.

Leroux (1797-1871) centró sus esfuerzos en la elaboración de una religión del socialismo. Los resultados a los que llegó fueron la disolución del hombre en la Humanidad, una extraña especie de panteísmo que trata de explicar la realidad con un sistema de triadas (a imagen de la Santísima Trinidad), y la sustitución de la caridad por lo que él llama «solidaridad», que no es más que una filantropía reducida al amor de sí mismo.

Considerant nació en Salins, en 1808, y fue el discípulo más aventajado de Fourier. Su empeño fue convertir al cristianismo las doctrinas del maestro, pensando que para lograrlo bastaba con no eliminar la propiedad privada sino multiplicarla de tal modo que todos pudieran participar en ella y promover la asociación voluntaria de los capitalistas.

Pierre J. Proudhon nació en Besançon en 1809 y murió en Passy en 1865. De formación hegeliana, muestra en sus obras el anticlericalismo más agresivo, y fue considerado durante algún tiempo el líder del socialismo francés, hasta el punto de que Marx se desplazó a París con el fin de conocerle, aunque pronto comenzaron las disputas entre ambos.

En su obra ¿Qué es la propiedad?, después de responder que es un robo, busca la síntesis ente comunidad (tesis) y propiedad privada (antítesis), encontrándola en lo que él llama «posesión» que sería la concesión gratuita de unos bienes a los particulares, teniendo en cuenta el equilibrio de las fuerzas económicas de la sociedad.

Al conocer estas teorías, Marx se separó de él, dedicándole en El Capital el apelativo de «pequeño burgués» (y un «pequeño burgués es una contradicción viviente»).

Proudhon, por su parte, tachaba a la doctrina marxista de utópica, porque «todo jornalero aspira a ser empresario; todo oficial a ser maestro; los sueños del trabajador son tener coche, como antaño los del plebeyo eran llegar a ser noble; y hasta las mujeres aspiran a casarse para ser soberanas de un pequeño Estado que ellas llaman su casa».

Proudhon parece que fue el primero en hablar modernamente de la anarquía como futura fórmula del gobierno de la sociedad.

E1 socialismo alemán: Karl Marx y Friedrich Engels

1) Antecedentes del socialismo alemán: Rodbertus.

Colins, en Bélgica; Ruskin y Belfast, en el Reino Unido, y otros autores, habían hablado de un cierto tipo de socialismo colectivista, pero ninguno tuvo la importancia de Karl Rodbertus-Jagetsow, en el que se puede ver un antecedente próximo tanto del socialismo marxista como del «socialismo de Estado» de Lassalle.

En sus obras Reivindicaciones de las clases trabajadoras (1837) y Cartas sociales (1850-1852) insiste en que la ganancia obtenida por los propietarios procede de la explotación de los trabajadores, pues reciben los beneficios de algo en cuya producción no han participado. Este fraude se mantiene en la historia por culpa de la existencia de la propiedad privada.

Rodbertus no se atrevió a pedir la supresión de la propiedad privada, contentándose con exigir la libertad de contratación y encargando al Estado la vigilancia por la justa repartición de los beneficios a los obreros.

2) Karl Marx.

Nació en Tréveris el 5 de mayo de 1818. Su padre —Hirschel Marx— era judío de religión, pero las leyes de Prusia sólo permitían desarrollar profesiones liberales a los luteranos, y ante esta perspectiva tuvo que «convertirse» al luteranismo. Hirschel Marx era un gran admirador de Rousseau, Voltaire y Diderot; y educó a su hijo según las teorías de estos autores. No consta que Marx fuera bautizado, y no recibió ninguna formación religiosa: se puede decir que Karl Marx fue ateo desde su infancia.

En 1830 comenzó a asistir al Liceo de Tréveris, y en 1835 se inscribió en la facultad de derecho de Bonn. Al año siguiente conoció a Jenny von Westphalen, con la que se casaría en 1843. De ella tuvo seis hijos, tres de los cuales murieron muy jóvenes. Sus hijas se casarían después con socialistas, y contribuirían a la difusión de las ideas del padre.

En 1836, ante el poco aprovechamiento de sus estudios, en Bonn, su padre le inscribe en la facultad de Berlín. Aquí siguió los cursos de Savigny (que negaba el Derecho Natural) y de Gans (que explicaba la filosofía del derecho de Hegel). En 1837 comenzó a frecuentar el Doktorclub ,y entró en contacto con los partidarios de la «izquierda hegeliana»: conoció a Bruno Bauer, y cuando éste obtuvo una cátedra en Bonn, Marx se apresuró a presentar su tesis doctoral en Jena («Diferencia entre la filosofía de Demócrito y Epicuro») con el fin de obtener otra para sí, con el apoyo de Bauer. Era el año 1841.

Bauer fue expulsado de la universidad de Bonn y Marx —al no poder conseguir la cátedra— comenzó a escribir en la revista Rheinische Zeitung, atacando la idea de Estado Cristiano y dedicando una atención particular a las cuestiones sociales. Parece ser que también Engels colaboró en esta revista, aunque todavía no se inició su amistad con Marx. En 1843 la revista fue cerrada por orden del gobierno, y Marx marchó a París con un doble objetivo: conocer los movimientos socialistas y a Proudhon.

Su estancia en París duraría dos años. En ese tiempo fundó, con la ayuda de Arnold Ruge, los Deutsch-Französische Jahrbücher («Anales Franco-Alemanes»), de los que sólo edita un número. En este número de los «Anales» también colaboró Engels, con un artículo que gustó mucho a Marx (en 1859 todavía lo calificaba de «genial»). En Francia comenzó a estudiar a los «economistas clásicos»: A. Smith, D. Ricardo y J. B. Say, y también a sus críticos, especialmente Sismondi y Buret. Fruto de estos estudios serán los Manuscritos de 1844, publicados más adelante.

A finales de 1844, Marx y Engels —juntos por primera vez— escriben La Sagrada Familia, que sería publicada en 1845, año en el que K. Marx fue expulsado de Francia, y se establece en Bruselas. Allí le alcanzó Engels y escriben La ideología alemana, crítica de las teorías de Feuerbach, Bauer y M. Stirner.

1846 es el año de la ruptura entre Marx y Proudhon: éste escribió La filosofía de la miseria, y Marx le respondió al año siguiente con La miseria de la filosofía. Por esta época se produjo su entrada en la Liga de los Comunistas, a la que cambió el lema de «Todos los hombres son hermanos» por el conocido «Proletarios del mundo uníos». Pronto se hizo con el poder y ese mismo año, a petición del II Congreso de la Liga, Marx y Engels escribieron el Manifiesto del partido comunista, publicado por primera vez en 1848.

Durante ese año tuvieron lugar una serie de revoluciones en Alemania, y Marx pudo volver a su país. Entró como redactor jefe de la Neue Rheinische Zeitung y colaboró en el movimiento comunista de Colonia hasta que, tras el fracaso de este movimiento, fue otra vez expulsado y tuvo que establecerse —ya de modo definitivo— en Inglaterra. De esta época fueron los artículos que, en 1895, Engels recogió en La lucha de clases en Francia y los que forman El 18 Brumario de Luis Bonaparte.

En 1849 Marx se establece definitivamente en Londres. Durante esta época sufrió apuros económicos, puestos de manifiesto en sus cartas a Engels. Para conseguir algún dinero, publicó durante estos años una serie de artículos periodísticos para el «New York Tribune». En 1859 aparece Para la crítica de la economía política.

En 1864 comienza un nuevo período de la vida de Marx, centrado especialmente en sus luchas contra las desviaciones de la «ortodoxia socialista» que él propugnaba. En ese año participó en la formación de la «I Asociación Internacional de Trabajadores» (más conocida como «I Internacional»), de la que sería miembro hasta 1876. Como directivo de la I Internacional, Marx dedicó todos sus afanes a luchar contra los seguidores de Proudhon en Francia, los de Lassalle en Alemania y los anarquistas encabezados por Bakunin.

En 1867 aparece el primer libro de El Capital.

Tres años después estallaría la guerra franco-prusiana. Marx, al principio, adoptó una postura en favor de los prusianos, pues su victoria «sería a la vez la victoria de nuestra teoría respecto a la de Proudhon» (Carta a Engels, del 20-VII-1870). Pero más tarde cambió su postura y se unió a la Comuna, de París, a la que consideró como «un heraldo glorioso de la nueva sociedad» (La guerra civil en Francia).

En el Congreso de La Haya, de 1872, Marx consiguió que Bakunin fuera expulsado de la Internacional, y también que la sede de la asociación se trasladara a New York, con la excusa de que así se evitaría la infiltración de proudhonistas y bakuninistas: en New York la Internacional tuvo una vida lánguida hasta que por fin desapareció.

A partir de 1873, Marx se retiró prácticamente de la vida pública, dedicándose casi por completo a El Capital. Durante la última década de su vida y ante el fracaso de las experiencias revolucionarias en Francia, Alemania e Inglaterra, parece ser que comenzó a considerar a Rusia como un lugar propicio para la implantación del socialismo. El 14 de marzo de 1883, Karl Marx moría en Londres.

3) Friedrich Engels.

Engels nació el 28-XI-1820, en Barmen (Westfalia), en una familia burguesa de industriales. Hasta hace poco tiempo se tenía la idea de que Marx hubiese «educado» a Engels para el socialismo, pero la publicación de sus escritos juveniles (vid. Marx-Engels Gesamtausgabe, MECA, I, Abt., Bd. II: F. Engels Werke und Schriften bis Anfang 1844) ha mostrado un Engels que padeció por su cuenta la crisis operada en Alemania, en la primera década después de la muerte de Hegel, y que en el momento de su encuentro con Marx llevaba ya algunos años de andar por el mismo camino.

Engels sufrió el influjo de Hegel a través de las enseñanzas de Strauss, Bauer y Feuerbach. Sus primeros escritos filosóficos están dedicados a la especulación teológica: «La convicción religiosa es un asunto del corazón, y se relaciona con el dogma sólo en la medida en que éste contrasta o no con los sentimientos...» (Carta a Graeber, 12-VII-1839, loc. cit. p. 530 s.). Pero muy pronto se dejó sentir el influjo de Strauss, y se dejó llevar por el irracionalismo religioso: «La religión es un asunto del corazón, y el que tiene corazón puede ser piadoso; pero si por el contrario su piedad tiene su raíz en el intelecto, ese no tiene religión» (Carta a F. Graeber, 27-VII-1839, loc. cit. p. 531s.). Pese a la deformidad de su concepción —típicamente luterana—, no cabe duda de que durante este período, Engels se muestra muy diverso de Marx que —como ya hemos dicho— nunca tuvo alguna preocupación religiosa.

La lectura de la Entmythologisierung, de Strauss, le convirtió a la «izquierda hegeliana», y Engels pasó decididamente a mostrar el ateísmo del sistema hegeliano.

Durante el bienio 1841-42, aparte de sus controversias con Schelling por su intento de conciliar fe y razón y por el abandono de su primitivo panteísmo, Engels se hizo comunista. A finales de 1842 fue a Manchester a trabajar en una hacienda paterna y se produjo su primer contacto con el mundo laboral. Publica el ensayo Situación en Inglaterra, en el que todavía aparecen los problemas religiosos; pero quizá el trabajo más significativo de este período es su crítica al libro Past and Present, de Th. Carlyle, en la que ya aparece una crítica positiva a la religión. La religión —dice Engels— es en su esencia un vaciarse del hombre, y hay que acabar con ella para poder restituir al hombre los valores que ha perdido por su causa (cfr. Die Lage Engels, MEGA, I, 2, p. 427). También pertenece a esta época su Esbozo de una crítica de la economía política.

A partir de 1843 comenzó su amistad y colaboración con Marx. El primer fruto de esta unión fue un artículo en los «Anales Franco-Alemanes», al que seguirían en años sucesivos La Sagrada Familia, La ideología alemana, etc.

En 1844 comenzó a trabajar en su obra La situación de las clases trabajadoras en Inglaterra, que terminó en el año 1849. A petición de los comunistas redactó los Principios del comunismo, antes de que a él y a Marx se les encargara la redacción del Manifiesto.

Después del fracaso de la revolución de 1848, publicó La campaña constitucional en Alemania, La guerra de los campesinos en Alemania y Revolución y contrarrevolución en Alemania. En 1850 Engels volvió a la fábrica paterna de Manchester, y desde allí continuó su colaboración con Marx, principalmente en la redacción de los artículos políticos de la época 1851-1870 para el «New York Tribune». Cuando Marx se retiró de la vida pública —hacia 1873—, Engels asumió todo el peso en la difusión y defensa del marxismo contra los ataques de revisionistas y anarquistas: de los años 1876-77 son sus polémicas contra el socialista E. Dühring, recogidas en su obra Anti-Dühring (de la que Marx redactó un capítulo), que encontró una fuerte oposición en los «reaccionarios» Bernstein, Most, Wahlteich, etc. A causa de estas polémicas había tenido que interrumpir sus trabajos sobre la «dialéctica de la naturaleza»; y los tuvo que volver a interrumpir a la muerte de Marx, para dedicarse a poner en orden las notas y manuscritos dejados por su amigo.

En 1885 publicó el II libro de El Capital, y en 1894 —once años después de morir Marx— publicó el libro III. Durante este período prácticamente fue éste el único trabajo que desarrolló, aparte del apoyo propagandístico que dedicó a los diversos partidos comunistas europeos (especialmente al ruso). En 1895 murió, y por deseo suyo fue incinerado.

4) Adversarios de Marx y Engels: socialismo de Estado y anarquismo.

El máximo exponente del «socialismo de Estado» fue F. Lassalle. La diferencia fundamental con el marxismo consistía en la táctica propugnada para lograr el establecimiento de la sociedad socialista: Lassalle negaba la necesidad de la revolución, y encomendaba al Estado el establecimiento del socialismo. Con este fin, quiso crear un partido político obrero para —con la ayuda del Estado— lograr la transformación de los trabajadores en patronos: así surgió la «Asociación de Trabajadores» que sería el primer embrión del partido social-demócrata alemán.

El programa de Lassalle se podría resumir diciendo que la historia de la Humanidad no sería otra cosa que una larga lucha por la conquista de la libertad sobre la Naturaleza, las opresiones de todo tipo (especialmente la religiosa), la miseria, la ignorancia, la pobreza y la debilidad que rodean al hombre. Para conseguir la victoria en esta lucha es indispensable la unión de los trabajadores, y esta unión la crea el Estado, pues sólo él es capaz de conseguir el «desarrollo de la Humanidad hacia la libertad».

Lassalle murió en 1864 y sus doctrinas no gozaron de mucha estima entre los ortodoxos; así en el Congreso de Erfurt (1891) fue «condenado». De todos modos, a través de su discípulo Wagner, influyó en gran medida en el partido laborista inglés.

En el IV Congreso de la I Internacional (Basilea 1869) aparecieron dos tendencias principales: los marxistas y los anarquistas que exigían la inmediata destrucción del Estado. Después de cuatro años de continuas disputas, en el Congreso de La Haya, de 1872, los anarquistas, encabezados por Bakunin, rompieron definitivamente con los marxistas.

Bakunin había nacido en Torjov, cerca de Moscú, en 1814, en el seno de una familia acomodada. Su padre esperaba de él que se dedicara a la burocracia, pero a los veintiún años escapaba de Moscú y comenzaba su vida de anarquista errante por Europa.

Hacia 1840 llega a Berlín y allí entra en contacto con los exponentes de la «izquierda hegeliana», especialmente con Max Stirner[2], que influyó decisivamente en su concepción del socialismo. En 1848 tomó parte en la revolución de Dresde, fue hecho prisionero y entregado al gobierno zarista que lo desterró a Siberia. En 1860 consigue huir y, a través de Japón y Estados Unidos, vuelve a Europa donde participa en los intentos de revolución de Rusia, Polonia e Italia. En 1867 participa en el I Congreso de la «Liga de la Paz» sufriendo un desencanto ante el «pacifismo» de Victor Hugo, Garibaldi, etc., de tal modo que al año siguiente fundó la «Alianza de la Democracia Socialista» que se anexionó a la I Internacional. Sus disputas con Marx podrían resumirse con una frase de Bakunin:

«Marx me llamó un idealista sentimental, y tenía razón; yo le llamé un hombre vanidoso, pérfido y pícaro, y yo también tenía razón».

Así, después del Congreso de La Haya,

Bakunin fundó la «Federación Jurasiana», que fue la cuna de casi todos los anarquistas de finales del siglo XIX.

Sus obras principales son Dios y el Estado, Cartas a un francés, El catecismo revolucionario, Los principios de la revolución y el Cartolario social-político. Bakunin murió en Berna, en 1876.

El lema del anarquismo fue: «ni Dios, ni amo, no obedeciendo cada uno más que a su propia voluntad»

(Grave, La société future, París, 1895). Para Bakunin, el Estado es «la suma de las negaciones de la libertad del individuo» y la sociedad la causa de todos los crímenes que se cometen. Por tanto, sería necesario la inmediata destrucción de la sociedad capitalista, para poder establecer la «nueva sociedad» en la que no habrá ninguna autoridad y que será naturalmente buena, porque estará fundada en la libertad de los individuos que —al igual que en la concepción rousseauniana— también son buenos por naturaleza.

«La revolución la comprendemos como el desencadenamiento de lo que se llaman hoy malas pasiones, y la destrucción de lo que en el mismo lenguaje se denomina orden social... El bandido es un héroe, un defensor, un salvador del pueblo... Es preciso destruir lo existente sin distinción y ciegamente, con este único pensamiento: lo más posible, y lo más rápidamente posible. Veneno, puñal, lazo... La Revolución santifica todo en este orden de medios. El campo es libre»

(Bakunin, Sozial-politischer Briefwechsel, pp. 335, 353 y 361).

d) El socialismo después de Marx.

Muy pronto surgieron las escisiones entre los seguidores de Marx, a lo cual también contribuyó la oscuridad en que Marx dejó muchas cuestiones de sus teorías.

En general, se puede decir que surgieron dos tendencias: una la del marxismo «ortodoxo», de carácter revolucionario; y otra de carácter más conservador, posibilista y reformista, conocida con el nombre de «revisionismo».

La primera tendencia estuvo representada en Alemania por Most y Hasselman, en Italia por Ferri y Labriola, y en Francia por Guesde y Lafargue (que pronto abandonaron la «ortodoxia»). Entre los representantes de la segunda tendencia estuvieron Bebel en Alemania; Malón, Renard, Fournière, Jaurés, Sorel y Millerand en Francia; Bisolati y Turati (y también Benito Mussolini) en Italia.

Sin ninguna duda, la figura más importante del «marxismo revisionista» fue Bernstein, mientras que el líder indiscutido del «marxismo ortodoxo» fue Lenin.

Eduard Bernstein nació en 1850 en Berlín. Era hijo de un empleado de los ferrocarriles alemanes, y comenzó a trabajar como empleado de banca, para después hacerse periodista, escritor y político: ingresó muy joven en el partido socialista alemán, siendo uno de los delegados en el Congreso de Gotha de 1875. Es el autor que más ha influido en la línea ideológica de la social democracia alemana. Sus obras principales son Die Voraussetzungen des Sozialismus und die Aufgaben der Sozialdemokratie, Zur Theorie und Geschichte des Marxismus y Der Revisionismus in der Sozialdemokratie.

Bernstein parte del principio de que «la elaboración y desarrollo ulteriores de la doctrina marxista debe comenzar con la crítica de la misma». Los elementos más importantes de su «crítica» al marxismo son: la no conformidad con la necesidad de la revolución para lograr el establecimiento del socialismo; la negación de la teoría marxista de la progresiva acumulación del capital en manos de unos pocos capitalistas; y la negación de la progresiva miseria del proletariado en base a la comprobación del progresivo aumento de la clase media.

Vladimir Ilitch Ulianov (Lenin) nació el 10-IV-1870 en Simbirsk (hoy Ulianovsk, en honor suyo). Era hijo de un inspector de enseñanza y su madre pertenecía a la pequeña nobleza rural alemana. Tuvo cinco hermanos, el mayor de los cuales fue ejecutado en 1887 por su participación en el atentado contra el zar Alejandro II. Comenzó a asistir a la facultad de derecho de la universidad de Kazan, de la que fue expulsado por sus actividades revolucionarias. En los alrededores de 1890 se dedica al estudio intenso de El Capital y a las actividades del círculo clandestino que había formado en Samara. En 1891 obtuvo el título de abogado en la universidad de San Petersburgo.

En 1893 se unió a un círculo de jóvenes teóricos marxistas compuesto por Struve, Tugan-Baranovskii, Potresov, etc., que deseaban publicar legalmente literatura política marxista: muy pronto Lenin se convertiría en líder de ese grupo. Al año siguiente formó la «Unión de combate de San Petersburgo para la libertad de la clase obrera», como centro intelectual (en 1897, pese a su oposición, también entraron a formar parte representantes de la clase obrera, y Lenin escribió la Protesta contra un escrito titulado el Credo, que defendía ideas revisionistas semejantes a las de Bernstein). En 1895 hizo un viaje a Suiza a conocer a Plekhanov y publica la revista «La causa de los trabajadores». Ese mismo año es detenido, y en prisión comienza a escribir Desarrollo del capitalismo en Rusia. En 1897 es deportado a Siberia.

En 1900 terminó su destierro y comenzó el exilio. Funda dos publicaciones: «Amanecer» e «Iskra» que no gozaron de buena acogida. En 1902 publica ¿Qué hacer?, y al año siguiente consiguió la victoria frente a los «mencheviques» en el congreso del partido celebrado en Londres. En 1904 publica Un paso hacia adelante, dos hacia atrás, y en 1905, al estallar la revolución, vuelve a Rusia, pero tiene que huir de nuevo ante el fracaso del movimiento. En 1909 escribe Materialismo y empirio-criticismo, y hasta 1917 permanecerá por diversos países europeos, publicando El imperialismo, última fase del capitalismo (1916). Al estallar la revolución de 1917 vuelve a Rusia y se opone al gobierno de Kerenski bajo el grito: «todo el poder a los soviets»: en octubre de ese año, Lenin es el jefe del Consejo de Comisarios del Pueblo, y comienza la colectivización del país: para esta época ya ha escrito El Estado y la revolución y ha derrocado el gobierno de Kerenski. Poco a poco consigue la preeminencia de los bolcheviques en el consejo de los soviets (al principio eran minorías) y cuando lo consigue da un «golpe de estado», terminando con los demás partidos marxistas que formaban parte de ese consejo. En 1920, ya como jefe absoluto de la URSS, escribe

La enfermedad infantil del comunismo, el izquierdismo, contra los que afirmaban que la revolución había supuesto en realidad la dictadura del partido y no la del proletariado.

Lenin murió el 21-I-1924, después de crear una nueva «ortodoxia» dentro del marxismo: el marxismo-leninismo, que se había de convertir en la regla única para juzgar los posteriores desarrollos de las teorías marxistas.

A la muerte de Lenin comenzó una verdadera guerra por el poder que, como es sabido, tuvo como vencedor a Stalin. Iosif Visarrionovic Stalin nació en 1879 en Gori. Su padre era zapatero y envió a su hijo a estudiar a la escuela eclesiástica de su pueblo. A los quince años, Stalin ingresó en el seminario cismático griego de Tiflis: en esta ciudad se produjeron sus primeros contactos con el socialismo y sus primeras actividades revolucionarias, sobresaliendo por su capacidad de ejecución, motivo que más tarde le valdría el aprecio de Lenin, que veía en él un enérgico ejecutor de sus planes. Estuvo varias veces deportado en Siberia, y en 1917 tomó parte activa en la Revolución. A partir de esta fecha comenzó su escalada política, para ir ocupando puestos cada vez más importantes en el interior del partido bolchevique.

A la muerte de Lenin era secretario del Politburó.

Para conseguir el poder, el primer paso fue conseguir la expulsión de Trotsky y de los partidarios de la «revolución permanente», acusándoles de «desviacionismo de izquierda». A continuación consiguió acusar de «desviacionismo de derecha» a los que le habían apoyado en la expulsión de Trotsky:

en 1936, con la nueva Constitución de la URSS, obtuvo el poder absoluto y proclamó la realización del socialismo, primera etapa del comunismo.

La época de Stalin fue una época de terror —que en realidad ya había comenzado con Lenin—: durante la colectivización forzada de 1932-34 murieron millones de personas (3 millones según el comisario del pueblo Petrovskii, 5 millones según cálculos «prudentes» del órgano menchevique «Socialisticeskii Vestnik», según Bilitzkii —jefe de la G. P. U.— murieron sólo en Ucrania 8 millones, etc.); durante los años del exterminio de la oposición fueron fusilados más de un millón de personas; de entre los colaboradores de Stalin entre 1937 y 1938 fueron «eliminados» 5 de los 7 presidentes del Comité ejecutivo central, 9 de los 11 ministros centrales de la URSS, 43 de los 53 secretarios de las organizaciones centrales del Partido; el 90 por 100 de los jefes de partidos comunistas extranjeros que vivían en Moscú, el 54 por 100 de los generales del ejército, la mayor parte del estado mayor de la G. P. U., etc. Basta decir que de los 22 miembros del Comité Central del Partido que protagonizaron la Revolución de 1917, sólo sobrevivió a las depuraciones Alexandra Kollontai. Además, los condenados a trabajos forzados alcanzaron cifras inimaginables: algunos autores calculan que sólo durante el bienio 1932-34 fueron deportados a Siberia unos 12 millones de personas (cfr. D. Dallin y B. Nikolaevskii, Forced Labor in Soviet Russia).

3. La Iglesia ante el socialismo.

En esta breve exposición de las principales corrientes socialistas se puede observar que hay algunos puntos que son comunes a casi todos los autores: en primer lugar el ateísmo radical, puesto como verdadero punto de partida necesario para poder construir la «nueva sociedad» que preconizan; además, la concepción de la natural bondad del hombre que achaca todos los males a la sociedad, negando la libertad y responsabilidad personales en las acciones de los individuos; y, por último, la negación de todo el derecho natural: familia, matrimonio, propiedad privada, etc.

También es un punto común a casi todos los pensadores socialistas —de las tendencias más variadas—, ver en la Iglesia el mayor enemigo para llevar a cabo sus propósitos. Sus ataques a la religión y a la Iglesia se han producido sistemáticamente en toda la historia del socialismo. Basten unos ejemplos: en el I Congreso Socialista se afirmó que «la religión será libre, como cosa privada» (lo cual es ya una negación del Cristianismo): esta fórmula se quiso suprimir en el Congreso de La Haya, pero se mantuvo —a propuesta de Liebneckt— «para embaucar a los gañanes y confundir a los campesinos». En 1893, Bebel —representante del marxismo revisionista— afirmaba que «la democracia social tiene un solo adversario, y éste es el catolicismo». El diputado Seguit, socialdemócrata de Baviera, dirigiéndose al diputado Heim, del Centro Católico, le decía: «vosotros sois nuestros más peligrosos adversarios, y la última prueba decisiva se dará entre vosotros y nosotros». Se podrían multiplicar los ejemplos. Los ataques a la religión son una constante en los pensadores socialistas.

El Magisterio de la Iglesia, viendo en estas doctrinas —y más especialmente todavía en el marxismo, que es radicalización de todas ellas— el cúmulo de todos los errores, ha sido constante en su condena, afirmando que «existe una diferencia tan grande entre su perversa dogmática y la purísima doctrina de Jesucristo que no la hay ni puede haberla mayor» (León XIII, Enc. Quod apostolici muneris, Leonis XIII P. M. Acta, Roma, 1891, ss. pp. 175-176). Así, Pío IX afirmaba que el socialismo es el «nefasto enemigo número uno del derecho natural» (Enc. Qui pluribus, Pius IX P. M. Acta, 1854 ss. 1, p. 9), y constituye «un sistema horrendo y catastrófico, opuesto como ningún otro a la razón y al derecho natural» (Enc. Quibus quantisque, P. A. 1, p. 172), que lleva inexorablemente a «la subversión integral del orden de las realidades humanas» (Enc. Nostis et nobiscum, P. A. 1, p. 204).

El Magisterio de la Iglesia vio siempre el verdadero fin que perseguían estos sistemas, y que se puede resumir con la conocida frase de Feuerbach, recogida por Marx: «la crítica de la religión tiene su término en la doctrina según la cual el hombre es para el hombre el ser supremo» (Feuerbach, L., La esencia del cristianismo, cit. por Marx en Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel). Así, León XIII decía que este sistema «llega a tal grado de malicia en el pensamiento de muchos, que nada admite por encima del hombre, busca exclusivamente los bienes corpóreos y externos y pone la felicidad humana en la adquisición y goce de estos bienes» (Enc. Graves de Communi, L. A. 21, p. 6). Y este antropocentrismo radical que excluye lo divino es el núcleo del que se deriva el resto de la doctrina socialista: «de aquí su pretensión de que el poder esté en manos de la plebe, para que, suprimidas las clases sociales y nivelados los ciudadanos, se abra paso también a la igualdad de los bienes entre todos. Como consecuencia, deberá suprimirse el derecho de propiedad... » (ibíd.).

A la muerte de Marx, el socialismo se dividió en dos bloques principales: el marxismo «ortodoxo» y el «revisionista», Pío XI advertía esta división en 1931, y condenaba ambos tipos de socialismo: «El socialismo que entonces (se refiere al pontificado de León XIII) podía considerarse, en efecto, como único, y propugnaba unos principios doctrinales definidos y un cuerpo compacto, se fraccionó después principalmente en dos bloques de ordinario opuestos y aun en la más enconada enemistad, pero de modo que ninguno de esos dos bloques renunciaría al fundamento anticristiano propio del socialismo» (Enc. Quadragesimo anno, MS: 23 (1931), p. 212).

Por tanto: 1) Los principios fundamentales últimos del socialismo —y Pío XI se está refiriendo más especialmente al socialismo no comunista— siguen siendo incompatibles con la doctrina católica. «Pero, ¿qué decir si, en lo referente a la lucha de clases y a la propiedad privada, el socialismo se suaviza y enmienda hasta el punto de que, en cuanto a eso, ya nada haya de reprensible en él? (...): como doctrina, como hecho histórico o como «acción social», el socialismo, si sigue siendo verdadero socialismo, aun después de haber cedido a la verdad y a la justicia en esos puntos indicados, es incompatible con los dogmas de la Iglesia Católica, puesto que concibe la sociedad de una manera sumamente opuesta a la verdad cristiana» (ibíd., p. 215). 2) La causa de esta incompatibilidad reside en el inmanentismo absoluto del sistema socialista, que niega toda trascendencia. Después de decir que el fin último del hombre, que es por naturaleza un ser social, es dar gloria a Dios, Pío XI afirma que «el socialismo, en cambio, ignorante y despreocupado en absoluto de este sublime fin, tanto del hombre como de la sociedad, pretende que la sociedad humana ha sido instituida exclusivamente para el bien terreno» (ibíd., p. 215). 3) Como conclusión,

hay que decir que un católico no puede ser socialista,

porque «socialismo religioso, socialismo cristiano son expresiones que implican términos contradictorios: nadie puede ser a la vez buen católico y verdadero socialista» (ibíd., p. 216). Esta misma doctrina fue recogida por Juan XXIII (cfr. Enc. Mater et Magistra, AAS 53 (1961), pp. 408 ss.), que calificó de insensatez máxima «el intento de establecer un orden temporal, sólido y provechoso (...) prescindiendo de Dios» (ibíd., pp. 452-453).

El Concilio Vaticano II, aunque sin citarlo, se refiere directamente y condena el ateísmo marxista, como se puede deducir (basta tener en cuenta el Informe Ilitchev sobre la religión y la propaganda atea del Congreso del Partido Comunista de la URSS de 1964, para ver la alusión de los Padres Conciliares) de la declaración de que «los defensores de esta doctrina, cuando logran alcanzar el dominio político del Estado, atacan violentamente a la religión, difundiendo el ateísmo, sobre todo en el campo de la educación de los jóvenes» (Const. Gaudium et spes, n. 20). «Es conocido que a la hora de presentar el esquema de la Constitución para su discusión, un grupo de Padres propuso que se volviera a condenar explícitamente el ateísmo marxista; pero esta propuesta no fue aceptada, especialmente porque los Padres de las naciones con régimen comunista temían que esa condena empujara a aquellos gobiernos a privarles, por represalia, aun de los pocos residuos de libertad concedidos» (C. Fabro, L'uomo e il rischio di Dio, Studium, Roma, 1967, p. 72, nota).

Por su parte, Pablo VI ha afirmado que «el cristiano que quiere vivir su fe en una acción política, concebida como servicio, tampoco puede adherirse a sistemas ideológicos que se oponen radicalmente o en puntos sustanciales, a su fe y a su concepción del hombre. No le es lícito, por tanto, favorecer a la ideología marxista, a su materialismo ateo, a su dialéctica de la violencia, y a la manera como ella entiende la libertad individual dentro de la colectividad, negando al mismo tiempo toda trascendencia al hombre y a su historia personal y colectiva» (Epist. Octogesima adveniens). Recientemente Pablo VI ha condenado expresamente estas teorías —y otras derivadas o estrechamente unidas a ellas—, calificándolas como «la tentación más grave de nuestro tiempo»: «Ciertamente conocéis las expresiones fieramente concretas y desgraciadamente totalitarias, a las que ha llegado esta aberración del pensamiento moderno, cuando afirma con agresiva virulencia que 'el hombre es el ser supremo para el hombre' (Marx), que la antropología debe sustituir a la teología (Feuerbach), que hay que situar a la humanidad en el lugar del Ser supremo (Comte), que 'Dios ha muerto' para el hombre moderno (W. Hamilton, etc.). La religión ya no tiene razón de ser para estos profetas del materialismo, del positivismo, del fenomenismo social» (Alocución, 17-VII-74, «L'Osservatore Romano», 18-VII-74, p. 1).

D.E. y M.H.

[1] Expondremos un breve resumen de las teorías de aquellos autores de los que no hay recensión. Para las doctrinas de los autores más importantes (Marx, Engels, Lenin, ...) remitimos a las Recensiones correspondientes.

[2] Max STIRNER (1806-1856) pertenece a la izquierda hegeliana antropológica, en la línea de NIETZCHE: transfiere la pseudo-trascendencia del Absoluto hegeliano al Superhombre o Singular. ENGELS declaraba a MARX que prefería el ateísmo de STIRNER derivado del egoísmo, al de FEUERBACH que parte de Dios para llegar al hombre (Carta, 19-XI-1844, cfr. Briefwechsel zwischen Marx und Engels, MEGA, III, 1, p. 7).

En su obra El Unico (1844), STIRNER afirmaba que las ideas de Dios, Iglesia, Estado, Humanidad, ..., no son más que fantasmas que limitan el yo individual. Sólo existen los individuos, cuya única ley es la fuerza: el que la tiene, tiene también el derecho a tomar lo que desee de los demás. Afirma que la sociedad debe ser sustituida por la Unión de los egoístas, en la que sólo se buscará la satisfacción de las necesidades personales e individuales, bajo el lema: «No reconozco ni respeto nada en los demás sólo quiero servirme de ellos» .